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Rocha Moya, el punto de quiebre

Por María Luisa Paulín

El movimiento que gobierna México desde 2018 está en un punto de quiebre, en un instante que pasará a la historia del país por sus presuntos vínculos con grupos de la delincuencia organizada, considerados ahora por el gobierno de Estados Unidos como “terroristas”.

Nadie puede negar que las voces de la calle siempre dijeron que, después de intentos fallidos, el fundador de MORENA decidió tentar al diablo y buscó la ayuda de los cárteles de la droga para lograr su objetivo: ser presidente de México.

Según el libro de Anabel Hernández, periodista especializada en crimen organizado, Andrés Manuel tuvo, desde 2006, ciertos acuerdos con los cárteles, especialmente con el de Sinaloa.

En 2018 por fin ganó las elecciones, pero no necesitaba mucha ayuda: el PRI y el PAN cansaron a la población con sus excesos y actos de corrupción. Sin embargo, se mantenían en el poder porque, al margen de sus desatinos, errores y abusos, conservaban programas sociales, así como servicios de salud y educación, con todo y sus fallas.

Andrés Manuel es un animal político, pero un mal gobernante. No conocía el monstruo por dentro. Se sostuvo con base en propaganda política mientras destruía y quitaba presupuesto a la educación y la cultura, además de desaparecer el Seguro Popular, que sostenía un ya de por sí degradado sistema.

No buscó la transformación política de México; buscó imponer la ley del embudo: lo ancho para ellos, lo angosto para el pueblo.

El territorio nacional se convirtió en zona de recreo para los grupos delincuenciales, presentes en casi toda la nación. AMLO pensó que todo estaba bajo control y entonces decidió heredar la presidencia de México a Claudia Sheinbaum; pero, como no hay dicha completa, olvidó activar en su sucesora el modo político, la rodeó de rufianes y la dejó sin autoridad y sin hoja de ruta.

Saldo de la llamada Cuarta Transformación: un país minado por la violencia y las desapariciones, dominado por los cárteles, con casi 50 millones de pobres y una economía al borde del colapso; además de conflictos con Estados Unidos y escandalosos casos de saqueo a las arcas nacionales, como el huachicol fiscal, considerado el mayor desfalco que ha padecido el país, con un daño calculado por el propio gobierno en 600 mil millones de pesos.

A eso se suma el abandono del campo y el fraude en el programa de seguridad alimentaria (Segalmex), con un daño al patrimonio nacional de más de 15 mil millones de pesos, entre muchos otros casos.

Los cuatroteístas nunca imaginaron que la segunda etapa de Donald Trump en el gobierno de Estados Unidos sería su némesis (diosa de la justicia retributiva y del equilibrio, encargada de castigar la soberbia; en política, se usa para describir a un enemigo o castigo fatal e ineludible).

La hora de la verdad llegó: los rumores y filtraciones, así como los señalamientos, pasaron al terreno de lo legal, y es Rubén Rocha Moya el primero en caer.

Al gobernador de Sinaloa se le atribuye la trampa para entregar al gobierno norteamericano al líder del cártel más poderoso de México, y, dicen, del mundo: Ismael “El Mayo” Zambada, en un acto en el que fue ejecutado el exrector de la universidad de ese estado, acérrimo enemigo político de Rocha, cuando asistieron a una supuesta reunión de conciliación.

Rocha y nueve personas más han sido requeridas por el gobierno de Estados Unidos al gobierno mexicano. Claudia Sheinbaum, en su calidad de presidenta, intentó implicar la soberanía nacional en la defensa de un presunto delincuente, pero el intento duró poco.

La presión fue tal que, el viernes por la noche, Rubén Rocha Moya tuvo que pedir licencia mientras se realizan las investigaciones.

La ley y los tratados internacionales indican que se les debe arrestar mientras se presentan pruebas suficientes para su eventual extradición y para enfrentar a la justicia estadounidense en una corte de Nueva York.

El castillo político que construyó Andrés Manuel, con cimientos de corrupción y delincuencia, está pasando factura y, con ello, daña la autoridad moral de México en el mundo, desarma cualquier discurso oficial que intente desacreditar las acusaciones y deja a la presidenta, Claudia Sheinbaum, en un punto de inflexión: o asume su responsabilidad, tope donde tope, o se retira por notable incompetencia.

Lo que veremos en los siguientes meses serán días largos y años cortos para un movimiento político que fue la esperanza de México y que hoy está convertido en la desgracia de los mexicanos.

¡Que Dios reparta suerte!

P.D. 1.- En la pasada visita del gobernador Ricardo Gallardo a Matehuala, donde además de entregar obras celebró el Día del Niño, los chats de promotores del Partido Verde entraron en pánico. La convocatoria al evento fue tan pobre que el responsable de la región, el secretario general de Gobierno, J. Guadalupe Torres Sánchez, le hizo gestos a Tomás Zavala, su ficha para la alcaldía camelense, en pleno acto protocolario. Zavala piensa que el trabajo político es solo hacer negocios, realizar obras de mala calidad, extorsionar a contratistas y hacer contratos con el alcalde panista Raúl Ortega. Torres no disimuló su molestia, pero al diputado local le valen tres viajes de piedra los sentimientos del funcionario. ¡Upsi!

P.D. 2.-  La secretaria de Ecología, Sonia Mendoza Díaz, anda tanteando el terreno en Villa de Pozos. La experimentada política le hace ojitos a la presidencia del municipio más joven de San Luis Potosí.

P.D. 3.-  Enrique Galindo Ceballos estuvo el fin de semana en Matehuala. El presidente municipal de la capital potosina sabe que es una figura rentable para la oposición y, después del tsunami que vive MORENA, todo es posible. Matehuala es un municipio panista: es el único donde el Partido Verde no ha podido ganar en las dos últimas elecciones y es, además, el único bastión que le queda al otrora poderoso PAN.

Hasta la próxima.

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