“Al Pollo lo quisieron hacer perro del mal”, me dijo don Jacobo Payán en una entrevista el 7 de junio de 2021, mientras en Plaza Fundadores Ricardo Gallardo Cardona festejaba el triunfo en las elecciones para gobernador de San Luis Potosí.
La rancia aristocracia potosina no tolera que un oriundo de Soledad, chaparrito y morenito, se haya convertido en gobernador, pese a que en 2015 hicieron todo para acabarlo políticamente, lo que incluyó un duro proceso penal federal y su consecuente privación de la libertad.
A Ricardo Gallardo le quieren quitar el poder político porque no se deja manipular, como en su momento lo hicieron Fernando Toranzo Fernández y Juan Manuel Carreras. Se trata de los gobernadores más corruptos de la historia de San Luis Potosí, pero les han perdonado descomunales saqueos a las arcas públicas y crímenes indecibles, tan solo porque uno es médico y el otro abogado con doctorado.
A Gallardo lo quieren fuera del poder. Esperan que el gobierno de Estados Unidos venga por él, que Claudia Sheinbaum lo obligue a renunciar y, de ser posible, que lo parta un rayo y lo cache un trueno.
Pero la vida no es así; la política, tampoco. Los malquerientes del hoy gobernador hicieron la campaña más oscura de que se tenga memoria en México, pero el soledense los venció.
Toda clase de trucos se le atribuyen a Gallardo, pero los hombres mediocres siempre culpan a alguien de sus tragedias. Hoy, cinco años después, a las puertas de la sucesión gubernamental, siguen recorriendo el mismo camino por el que ya fracasaron.
Las alucinaciones de los antigallardistas son tan profundas que apenas estornuda un gorrión y ya creen que se va a caer el cielo.
El más reciente motivo de sus estimulaciones mentales fue la publicación de un contrato con el despacho del consultor político estadounidense Roger Stone.
Y como aún sueñan con una mala relación entre el gobernador y la presidenta, mandaron preguntarle a Claudia Sheinbaum. Obviamente, los mandó con cajas destempladas, igual que ocurrió con los montajes sobre un supuesto ataque a la libertad de expresión y con las reformas en materia de inteligencia artificial, bautizadas por los antigallardistas como «la Ley Serrano».
No le ha funcionado a la oposición su estrategia. Gallardo, por su parte, mantiene el control, aunque de vez en cuando le gane lo peleonero.
De la mano de Antonio Solá, el famoso y exitoso consultor español, el gallardismo ganó el gobierno. Ahora, está claro, será de la mano de Roger Stone que el movimiento buscará permanecer en el poder. Si la oposición y sus adversarios no se prepararon, que no esperen un milagro porque, hasta Dios dice: «Ayúdate, que yo te ayudaré».
En política los milagros no existen, ni hay manera de que la inteligencia artificial o las redes sociales garanticen votos. Hay que ir por ellos, trabajarlos y cuidarlos. Está claro que en San Luis Potosí el PRI, el PAN y otros partidos menores han olvidado hacer trabajo de tierra.
P.D. 1.- Parece que a la Auditoría Superior de la Federación no le cuadran las cuentas de las observaciones en San Luis Potosí. Resulta que le observan a Matehuala un presupuesto de 600 millones de pesos, cuando en 2021 solo recibía 400 millones. Una de dos: o no revisaron bien los números o la diferencia se la quedaron en el gobierno de Juan Manuel Carreras, uno de los más grandes saqueadores de las arcas de San Luis Potosí.
P.D. 2.- En el Partido Verde parece que la cantidad de generales está rebasando a la tropa, sobre todo en la zona Huasteca y en el Altiplano. Los presidentes municipales operan, pero para ir contra el partido en el poder. Muy listillos desde chiquitillos.
P.D. 3.- Por fin salió de la dirección de los parques Tangamanga Joaquín García, alias «El Charro». Los deja en deplorables condiciones. Ojalá que no lo mantengan en la nómina del Gobierno del Estado porque, además de flojonazo, es de los funcionarios más malos que ha tenido el gallardismo en sus filas.
Hasta la próxima.
