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La derrota de un huasteco

Por María Luisa Paulín

En política es bien sabido que 24 horas son demasiado tiempo y que no te metes, te meten; y no te sales, te sacan.

Durante la jornada del pasado viernes, cuando se realizó el registro de aspirantes al Gobierno de San Luis Potosí por MORENA, quedó clara una cosa: no quieren al empresario Gerardo Sánchez Zumaya como su candidato.

Las imágenes son demoledoras. Llegó con la candidatura en la mano y salió con las manos vacías y la moral por los suelos. En la fotografía que publica no aparece la hoja de registro, solo un documento con el logotipo del PT. Por cierto, el dirigente nacional, Alberto Anaya, presente en el WTC de la Ciudad de México, se sordeó y evadió avalar el entuerto.

El joven empresario fue literalmente chamaqueado por la política: por la suya, la de los partidos y la de sus dirigentes nacionales. Pagó el precio del noviciado. Creyó que sus falsos likes en redes sociales harían todo el trabajo; que sus propagandistas le conseguirían aliados y amarrarían voluntades. «Planchar la candidatura», se decía en los viejos tiempos, para no llegar a hacer el ridículo.

Una testigo de la escena platicó cómo el huasteco entró al salón de registros como pavorreal, sin saber lo que le esperaba. Ariadna Montiel, líder nacional de MORENA, y Citlalli Hernández, secretaria general, salieron apresuradas para evitar coincidir. Don Beto Anaya, ya lo dijimos, se sordeó. Más tarde echó la culpa a su delegado en San Luis Potosí, Gerardo Acosta, de haber vendido la candidatura a Zumaya.

El resto es historia: una atropellada entrevista en la que la periodista Ana Dora Cabrera increpa al huasteco en busca de justicia, toda vez que adoptó como su principal propagandista a su agresor, su vocero y compañero de parrandas, el mismo que lo ha llevado al desgaste extremo y prematuro peleando guerras bobas.

A Sánchez Zumaya le prepararon la debacle, pero nunca lo sospechó porque buscaba hacer amarres que sus cercanos rompían o dinamitaban por temor a perder la cercanía y el dinero que les da a raudales.

Los iniciados en política saben que los amigos son de a mentiras y los enemigos de a de veras; que no hay factura que quede pendiente y que los adversarios que le hicieron ganar sus cercanos decidieron ajustarle cuentas antes de que pasara más tiempo, casi sin despeinarse.

El huasteco, ignorante de los entretelones de la política, pensó que sus propagandistas, la generación de una corriente de falsos ataques a la libertad de expresión, la toma boba del Congreso del Estado, las ofensivas y guerras sucias contra la dirigente estatal de MORENA, Rita Ozalia Rodríguez; contra el líder de la bancada del Partido Verde en el Poder Legislativo local, Héctor Serrano; contra el propio alcalde Enrique Galindo (que se montó en la guerra de los falsos ataques a la libertad de expresión); y las puñaladas encubiertas al gobernador Ricardo Gallardo lo harían invencible.

Pero MORENA tenía otros planes. De nada sirvió lo que ha promovido como su cercana amistad con la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, consciente de los ataques a su hermana. Tampoco valió el padrinazgo de Adán Augusto López, el aún poderoso subcomandante del grupo Tabasco.

Sánchez Zumaya cayó en su propia trampa porque no creó un proyecto, no construyó lealtades: las compró. No concibió un plan con su respectiva hoja de ruta para ofrecer un mejor futuro a San Luis Potosí. Aconsejado por sus irracionales cuidadores, dinamitó sus aspiraciones.

Sus adversarios no tuvieron que tocarlo con las versiones de su presunta participación en fraudes a PEMEX; sus supuestas sociedades con Andy López Beltrán. Tampoco tuvieron que reproducir los reportajes nacionales que lo señalan como dueño de empresas factureras y propietario de una enorme fortuna construida durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. No. La derrota política y moral que sufrió el viernes el huasteco se la debe a su equipo cercano, a quienes le aconsejaron atacar cobardemente a adversarios que no lo eran.

Lo usaron, pues, para cobrar venganzas. Así que ahora el señor no debe buscar culpables; los tiene justo frente a sus ojos. Lo llevaron a perder antes siquiera de comenzar el juego.

Agotado el primer punto de la convocatoria de MORENA para elegir candidato a gobernador en 17 estados, debemos esperar a que pasen seis meses para finalmente conocer, en diciembre, al abanderado del partido del oficialismo.

P.D. 1.- Enrique Galindo sigue picando piedra en el PAN para buscar ser candidato a gobernador en 2027, pero en el Comité Nacional alistan una traición en la que la protagonista es la senadora, dirigente estatal y aspirante a presidenta municipal de la capital, Vero Rodríguez. Al tiempo. Al tiempo. ¡Al tiempo!

P.D. 2.- En el PRI no corren prisa. La dirigente Sara Rocha Medina ha dicho que hasta noviembre definirán quién será el abanderado o abanderada del PRI para la gubernatura en 2027. Más vale paso que dure, dice la diputada tricolor.

P.D. 3.- Que este martes gane México y que los que van a festejar no la chiflen, que es cantada.

Hasta la próxima.

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