Las conclusiones de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado han demostrado la violación sistemática y grave a los derechos humanos de los más de 20 mil niñas y niños palestinos que ha sido ejecutados y más de 44 mil que han resultado con heridas graves.
Han sido asesinadas y asesinados de distintas maneras por ataques aéreos con explosivos de gran potencia y amplio radio de impacto, disparos de drones, francotiradores y otras armas en la cabeza o la parte superior del cuerpo.
El informe sostiene que existen elementos que podrían constituir genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos por Israel contra la población palestina durante los últimos dos años.
La investigación documenta ataques contra la población civil, destrucción de infraestructura, desplazamientos forzados y las abominables violaciones y abusos sexuales perpetrados contra niñas, niños y adolescentes.
Uno de los casos más emblemáticos es el del doctor Hussam Abu Safiya, director del hospital Kamal Adwan, el último que permanecía en funcionamiento en el norte de Gaza. El 27 de diciembre de 2024 fue detenido por fuerzas israelíes durante la incursión al hospital, junto con personal médico y pacientes. Permanece privado de la libertad sin cargos formales, con restricciones para acceder a asistencia jurídica y bajo denuncias de evidente tortura.
A ello se suma la reciente interceptación de la Flotilla Global Sumud, integrada por 497 personas voluntarias de 46 países —entre ellas seis mexicanas— que transportaba alimentos, medicinas y ayuda humanitaria para la población palestina y que fueron vejadas y que sufrieron abusos sexuales por israelíes impunemente.
La magnitud de estos hechos obliga a una reflexión individual y colectiva profunda desde la perspectiva de los derechos humanos, colocando en el centro la dignidad de las personas y el cumplimiento irrestricto del derecho internacional humanitario, que obliga a proteger a la población civil, garantizar el acceso a la ayuda humanitaria y respetar la labor del personal médico.
Cuando estas normas son ignoradas, no solo aumentan el sufrimiento también se erosiona el sistema internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial para impedir que las atrocidades masivas vuelvan a repetirse ahora del otro lado. La desproporción del uso de la fuerza y sus consecuencias sobre una población mayoritariamente civil e indefensa constituyen uno de los mayores desafíos éticos y jurídicos de nuestro tiempo.
Ninguna causa política, territorial o religiosa puede justificar la violencia contra personas inocentes de ninguna manera. Frente a una tragedia de esta dimensión, el silencio, la indiferencia o la inacción dejan de ser posturas neutrales: terminan convirtiéndose en formas de tolerancia frente al sufrimiento humano y de renuncia a los principios universales que sostienen la convivencia internacional.
¿Cómo podemos como seres humanos dormir bien mientras estas atrocidades suceden ante la inmovilidad de una gran parte de la comunidad internacional? ¿Cómo puede alguien justificar estos abusos a niñas y niños palestinos? ¿Cómo podemos haber perdido como humanidad todo el sentido de la conmiseración y de la justicia? Urge ya un alto total a la crueldad del Estado israelí y un alto a la indiferencia individual para trasformarla en un llamado colectivo a la paz y la humanidad.
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