En San Luis Potosí, como en todo México, hay partidos que ganan elecciones, hay partidos que gobiernan y hay partidos que sobreviven. Un ejemplo muy claro de este último caso es el Partido del Trabajo. Nunca ha sido una fuerza política dominante. Nunca ha encabezado las preferencias electorales ni ha construido una estructura territorial capaz de competir por sí sola. Su presencia ha sido modesta, por decirlo de manera decente, pues siempre ha tenido uno o dos diputados, algunos regidores, uno que otro ayuntamiento y una votación suficiente para mantenerse vigente.
Podríamos decir que su presencia no es despreciable, desde luego, pero tampoco es suficiente para explicar su permanencia sin un factor determinante; las alianzas. Primero con la izquierda tradicional, después con Morena, más recientemente con el Partido Verde Ecologista de México e incluso, en distintos momentos y circunstancias, con el PAN y quien sabe qué otros partidos que se me van de la mente. El PT encontró en las coaliciones la fórmula para seguir respirando políticamente. Por eso resulta llamativo que hoy atraviese una de las crisis internas más profundas de los últimos años.
El origen del conflicto tiene nombre y apellido: Gerardo Acosta Zavala. Cuando el dirigente nacional, Alberto Anaya, decidió enviarlo a San Luis Potosí para asumir la conducción política del partido, tras la salida de Héctor Serrano Cortés, pocos imaginaron que su llegada terminaría provocando una rebelión interna de semejante magnitud.
Acosta Zavala no provenía de la vida política potosina. Su trayectoria estaba construida en otras entidades y dentro de la estructura nacional del partido. Su nombramiento fue visto por algunos como una decisión pragmática; por otros, como una imposición. Con el paso de los meses, la inconformidad dejó de ser un murmullo y se convirtió en un enfrentamiento abierto.
Las acusaciones comenzaron a acumularse. Militantes denunciaron exclusión de las decisiones partidistas, debilitamiento de las estructuras territoriales, falta de trabajo político, opacidad administrativa y un creciente alejamiento de las bases. Lo que parecía una disputa de oficina terminó escalando a un nivel mucho más delicado.
Entre las voces más visibles apareció la de Guadalupe Vivas Noyola, quien no sólo cuestionó públicamente la conducción del partido, sino que presentó denuncias relacionadas con presuntos actos de violencia y una acusación por lesiones que derivó en la apertura de una carpeta de investigación en la Fiscalía General del Estado.
Y es aquí donde el asunto se torna más denso, porque los partidos pueden sobrevivir a las diferencias ideológica, incluso a las luchas por candidaturas. Lo que resulta complicado es superar una crisis que combina acusaciones públicas, denuncias penales, señalamientos de violencia y una militancia organizada exigiendo la salida de su propio dirigente.
Diputados, liderazgos regionales y militantes de distintos municipios han solicitado la intervención de la dirigencia nacional para remover a Acosta Zavala. Lo responsabilizan directamente del deterioro interno del partido y advierten que el PT llega fracturado a la antesala del proceso electoral de 2027.
El PT enfrenta esta tormenta precisamente cuando más debería cuidar sus alianzas, pues, siendo realistas, la supervivencia política reciente del partido en San Luis Potosí no puede entenderse sin el respaldo electoral de sus socios. Particularmente del Partido Verde Ecologista de México. No olvidemos que las alianzas de 2021 y 2024 permitieron al PT conservar posiciones, representación y visibilidad. Sin esos acuerdos, el escenario sería muy distinto.
Curiosamente, en los últimos meses, el PT ha optado en diversas ocasiones por confrontar públicamente al Verde en temas relevantes, marcar distancia y asumir posiciones que, desde fuera, parecen más cercanas a la disputa permanente que a la lógica de una coalición exitosa.
De cara al 2027, la preocupación sigue creciendo, pues, si la dirigencia nacional respalda a Acosta Zavala, corre el riesgo de profundizar la fractura interna y provocar nuevas deserciones. Si decide removerlo, estaría reconociendo implícitamente que existe un problema serio en la conducción estatal. A la par, si el conflicto continúa escalando, el PT podría llegar al próximo proceso electoral dividido, debilitado y con menos capacidad de negociación frente a sus aliados.
Por ahora, el PT potosino ofrece una imagen poco habitual incluso para los estándares de la política mexicana; un partido que discute su futuro mientras pelea consigo mismo.
Cavilaciones:
Primera: Este fin de semana, el PAN dio el banderazo de arranque al proceso para designar a sus próximos candidatos. Por ahora y para evitar problemas, los llamará Coordinadores del Cambio y la Defensa de la Familia. La gubernatura y cuatro ayuntamientos serán su prioridad. Mis amigos gatunos de color azul dicen que es una simulación porque ya todo está repartido ¡Miau!
Segunda: Mi más grande felicitación a mis amigos de Código San Luis, especialmente a Rodrigo Martínez y Alejandro Quintana por haber sido galardonados con el Premio Estatal de Periodismo ¡Enhorabuena!
Tercera: Ya estamos en la cuenta regresiva para que inicie el Mundial. La fiebres andan desbordadas… y no estoy hablando de futbol.