El Mundial comenzó y, con él, apareció una de esas escenas que se repiten cada cuatro años, pero que nunca dejan de llamar la atención. Miles de potosinos salieron a plazas, jardines, estadios y espacios públicos para ver a la Selección Mexicana. Familias enteras compartieron la misma pantalla, desconocidos celebraron los mismos goles y, por algunas horas, las conversaciones dejaron de girar alrededor de los problemas cotidianos para concentrarse en un balón.
San Luis Potosí no fue la excepción. La Plaza del Carmen, el Estadio Libertad Financiera, la glorieta de Morales y distintos puntos del interior del estado se convirtieron en escenarios de una celebración colectiva que pocas actividades son capaces de generar. No importó si la convocatoria provenía del Ayuntamiento, del Gobierno del Estado o de algún grupo de aficionados; lo que realmente importó fue la posibilidad de compartir una experiencia común.
En tiempos donde la polarización parece haberse instalado en prácticamente todos los espacios públicos, resulta curioso que un partido de futbol siga siendo capaz de producir algo tan simple y tan escaso: coincidencias. Durante noventa minutos, las diferencias políticas, ideológicas y hasta deportivas pasan a segundo plano. El vecino que piensa distinto, el funcionario que suele recibir críticas y el ciudadano inconforme terminan celebrando el mismo gol.
No se trata de idealizar al futbol. Los problemas de una ciudad no desaparecen porque gane la Selección Mexicana. La inseguridad, la movilidad, los servicios públicos o los desafíos económicos continúan ahí cuando termina el partido, sin embargo, tampoco debe menospreciarse el valor de estos momentos de convivencia.
Las ciudades también se construyen a partir de símbolos, emociones compartidas y espacios de encuentro. Quizá por eso las imágenes del jueves resultan relevantes. No por el marcador de México contra Sudáfrica ni por quién organizó cada evento, sino porque mostraron a miles de personas apropiándose del espacio público para celebrar algo en común.
El Mundial apenas comienza y todavía quedan muchas semanas de transmisiones, festejos y reuniones familiares. Habrá tiempo para hablar de resultados, pronósticos y decepciones deportivas, pero el arranque dejó una lección sencilla: cuando existen motivos para encontrarse, los potosinos responden.
Y tal vez, esa sea la mejor noticia de todas. Los mundiales duran un mes; las ciudades, en cambio, se construyen todos los días. Y ninguna comunidad puede fortalecerse si pierde la capacidad de reunirse, convivir y reconocerse a sí misma más allá de sus diferencias.
La tarde del jueves fue, en esencia, una tregua. Una pausa breve en medio del ruido cotidiano. Noventa minutos de futbol que recordaron algo elemental; antes que simpatizantes, votantes o adversarios, seguimos siendo vecinos.
Cavilaciones:
Primera: El 22 de junio, Morena dará inicio al proceso de selección de su candidato a gobernador que, para salirse del marco legal, recibirá el nombramiento de Coordinador. En los tejados morenistas aseguran que son cinco los considerados para la encuesta. Cuatro hombres y una mujer. En el racimo hay cuatro huastecos y uno de la capital ¡Que Dios reparta suerte!
Segunda: Con bombo y platillo, Cáritas presentó su ya tradicional carrera atlética: 21 K, 21 templos. La benemérita institución sufrió durante casi cinco meses porque el SAT les quitó el registro para poder recibir donativos. El evento sirve para que la organización obtenga fondos y, de pasada, la Iglesia Católica muestra músculo social y capacidad de convocatoria. Este filósofo ya se prepara para participar.
Tercera: Un grupo de funcionarios que cobran en el Gobierno del Estado por presuntas funciones que desempeñan en Matehuala también cobran en el Ayuntamiento panista que encabeza Raúl Ortega. El que a dos amos sirve, con alguno queda mal. Con razón los programas del gobernador reciben poca difusión en el Altiplano. Se pasan de… listos los susodichos ¡Miau!