La visita fue discreta. Demasiado discreta para los tiempos que corren. La presidenta Claudia Sheinbaum apareció en San Luis Potosí sin la parafernalia habitual de las giras presidenciales. Hubo recorridos, reuniones de trabajo y algunas actividades públicas, sin embargo, lo que realmente despertó la curiosidad fue ese encuentro privado que sostuvo con el gobernador Ricardo Gallardo Cardona. Sin testigos. Sin discursos. Sin comunicados detallados.
Y como suele ocurrir en la política mexicana, cuando faltan versiones oficiales sobran las interpretaciones. Dicen, quienes saben de estas cosas, que la charla fue larga, relajada y hasta cordial. Que hubo café, buen humor y varias horas para hablar de lo que realmente importa: el país, el estado y lo que viene.
Cuentan que la conversación comenzó con un tema inevitable.
—¿Y cómo va el Mundial, presidenta?
—Más tranquilo que la política.
—Eso ya es decir mucho.
—No creas. Organizar partidos es más fácil que organizar egos.
—Entonces sí está complicado.
—Bastante.
Ambos rieron.
—Pero salió bien el arranque.
—Y va a salir mejor —contestó la presidenta—. México necesitaba una noticia distinta. Ya llevábamos demasiado tiempo hablando de pleitos.
—Aunque hay gente que vive de eso.
—Y muy bien que vive.
La conversación avanzó hacia los temas nacionales.
—¿Cómo siente el ambiente? —preguntó Gallardo.
—Movido. Hay quienes todavía no entienden que perdieron. Otros que no entienden que ganaron. Y algunos que ya están pensando en la siguiente elección.
—O sea, un día normal en México.
—Exactamente.
—¿Y las guerras sucias?
—¿Cuáles?
—Las de siempre.
—Ah, pensé que hablabas de las nuevas.
—¿Hay nuevas?
—Hay de todo. Las sucias, las percudidas, las que se presentan como periodismo de investigación y las que se disfrazan de preocupación ciudadana.
—Las más peligrosas son esas.
—Porque parecen limpias.
—Y porque algunos terminan creyéndolas.
La presidenta tomó un sorbo de café.
—Lo curioso es que muchos de los que ahora descubren escándalos por todas partes antes padecían una extraña dificultad para ver.
—¿Será un problema de visión?
—Debe ser.
—Porque durante años no vieron el desastre financiero.
—No. Ni el deterioro institucional, ni el desorden que había en varios sectores. Y ahora ven hasta lo que no existe.
—Milagros de la política.
La conversación sobre las guerras sucias no es asunto menor. Conforme se acerca el proceso electoral, México vuelve a entrar en esa etapa donde abundan más las sospechas que las certezas. Las campañas todavía no comienzan formalmente, pero la disputa por ver quién tiene la razón lleva meses desarrollándose. Nadie espera una contienda libre de golpes bajos; la verdadera diferencia estará en la capacidad de distinguir entre la crítica legítima y la simple fabricación de escándalos.
La conversación derivó inevitablemente hacia San Luis Potosí.
—Por cierto, ya escuché que estamos peleados.
—¿Otra vez?
—Otra vez.
—¿Y quién ganó ahora?
—Todavía no se ponen de acuerdo.
—Qué bueno.
—Dicen que no nos soportamos.
—Y mientras tanto aquí estamos sentados platicando.
—Eso les arruina la teoría.
—Y les afecta el negocio.
Volvieron las risas.
En un estado donde la política se comenta con la misma pasión que el futbol, los rumores suelen recorrer más kilómetros que las carreteras.
—La verdad es que hay gente que necesita creer que algo está mal.
—Porque si todo marcha razonablemente bien, ¿de qué hablan?
—Exactamente.
—Además, algunos todavía extrañan aquellos tiempos.
—¿Cuáles?
—Cuando nadie cuestionaba nada.
—¡Ah, sí! Y cuando las arcas parecían tener hoyos en el fondo, cuando los grupos criminales encontraban demasiadas facilidades para operar, cuando la educación se fue rezagando mientras muchos observaban en silencio. Curiosamente, los más indignados de hoy eran los más callados de entonces.
—La memoria es selectiva.
—Y muy conveniente.
Una parte de la clase política local parece más interesada en encontrar señales de ruptura que en reconocer los indicios de entendimiento. Tal vez porque los pleitos son más rentables que los acuerdos. Tal vez porque una buena historia de confrontación siempre encuentra audiencia, pero mientras algunos buscan descifrar enemistades imaginarias, la relación entre ambos gobiernos continúa desarrollándose en un terreno mucho menos espectacular y bastante más útil; el de los asuntos que requieren resolverse.
Después vinieron los temas de gobierno. Hablaron de carreteras, de agua, de movilidad. Hablaron de inversiones, de los proyectos para cerrar el año, de infraestructura, de las regiones y los puntos que todavía requieren más atención.
—San Luis está creciendo.
—Sí.
—Pero también está creciendo la exigencia.
—Y eso es bueno.
—Siempre que venga acompañada de resultados.
—La gente ya no se conforma con promesas.
—Ni debería hacerlo.
En realidad, buena parte de la discusión pública en San Luis Potosí se encuentra atrapada entre dos tiempos. El presente exige resolver asuntos concretos como infraestructura, agua, seguridad, movilidad e inversión, pero el futuro inmediato ya comenzó a empujar las conversaciones hacia 2027. Es la vieja paradoja de la política mexicana; las elecciones parecen demasiado lejanas para hablar de ellas y demasiado cercanas para ignorarlas.
San Luis Potosí atraviesa además un momento peculiar. La entidad mantiene un dinamismo económico que atrae inversiones, genera expectativas de crecimiento y coloca al estado en una posición relevante dentro del escenario nacional. Precisamente por eso, la disputa por el futuro político comenzará a intensificarse. Cuando hay desarrollo, también aumentan los intereses que buscan conducirlo.
Más tarde apareció el tema que todos saben que está presente, aunque nadie lo reconozca públicamente.
—¿Ya sienten el ambiente de 2027?
—Claro.
—Falta tiempo.
—En teoría.
—En la práctica ya empezaron.
—Hace meses.
—Hay quienes ya se promueven.
—Hay quienes ya se apuntaron.
—Y hay quienes ya se sienten candidatos.
—Esos son los más peligrosos.
—¿Por qué?
—Porque todavía nadie los ha invitado.
La carcajada se escuchó hasta el pasillo.
Quizá por eso el tema electoral apareció de manera tan natural en la conversación. No porque las decisiones estén tomadas ni porque las candidaturas tengan dueño, sino porque sería ingenuo pensar que nadie está haciendo cuentas. Los partidos las hacen. Los grupos políticos las hacen. Los aspirantes las hacen. Incluso quienes aseguran que todavía no piensan en la próxima elección suelen dedicar una buena parte de su tiempo a pensar exactamente en eso.
La reunión terminó. Habían hablado del país, del estado, de los proyectos, de las elecciones que vienen y de las que todavía no deberían venir. También hablaron de rumores. De esos rumores que recorren al San Luis de la Patria con una velocidad asombrosa y que, paradójicamente, suelen crecer en proporción directa a la falta de información.
Y mientras los actores políticos comienzan a acomodar piezas rumbo a 2027, la ciudadanía parece enviar un mensaje mucho más sencillo; menos especulación sobre el futuro y más resultados en el presente. Al final, ninguna estrategia electoral suele resistir demasiado cuando se enfrenta a los problemas cotidianos de la gente.
Quizá por eso, mientras algunos siguen empeñados en encontrar desencuentros donde no los hay, la imagen más cercana a la realidad es mucho más simple. Dos gobernantes sentados frente a frente hablando de política, de gobierno y, de vez en cuando, riéndose de quienes creen saber exactamente lo que hablaron.
Cavilaciones:
Primera: Circula en redes sociales una escatológica invitación para una manifestación en el Congreso del Estado este martes 16 de diciembre. Los convocantes proyectan, sin querer queriendo, de lo que están llenos. Siempre ha habido fontaneros políticos, pero estos se volaron la barda ¡Miau!
Segunda: El diputado local, Carlos Arreola, y Gabino Morales, actual diputado federal, son dos de los personajes que serán medidos en la encuesta para que Morena elija a su coordinador estatal, es decir, a su precandidato a gobernador. En el bajo mundo del morenismo se asegura que Carlos declinará en favor de Rita Ozalia Rodríguez y Gabino se sumará Gerardo Sánchez Zumaya lo que indica que de los seis que estarían en la encuesta, nada más quedarían cuatro.
Tercera: Zelandia Bórquez Estrada, magistrada presidenta del Tribunal de Disciplina Judicial ha emprendido una campaña para dar a conocer el trabajo de este nuevo órgano del Poder Judicial. Tres cosas clave están haciendo en esa instancia: Están iniciando el proceso para evaluar a los jueces de primera instancia, proyectan la apertura de una plataforma para denunciar a malos funcionarios y buscan acompañar a las personas víctimas de abusos o excesos. Este felino le da una estrellita a Zelandia y a sus compañeros de misión, Adriana Miranda Tello y Austreberto Regil González.