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Elucubraciones: El Mundial político

Por El Gato Filósofo

Cada cuatro años, el fútbol consigue algo que parece imposible; detener por unos días las discusiones cotidianas y convertir cualquier conversación, desde la mesa familiar hasta la fila de las tortillas, en un análisis táctico digno de un director técnico. San Luis Potosí no es la excepción. Con el arranque de la Copa del Mundo, las calles se llenaron de camisetas de la Selección Mexicana, muchas de ellas con la creatividad comercial que distingue al mercado informal; aparecieron banderas en automóviles, balones en cada esquina y una interminable colección de souvenirs que recuerdan que, gane o pierda México, siempre hay alguien dispuesto a hacer negocio.

La fiebre mundialista es también una poderosa herramienta de convocatoria. Lo saben los comerciantes, los restauranteros y, por supuesto, los políticos. Y es que, si el fútbol mueve pasiones, es claro que también mueve reflectores, y en estos tiempos, donde la carrera rumbo al 2027 ya comenzó, aunque nadie quiera admitirlo públicamente, pocos dejaron pasar la oportunidad de asociar su imagen con el evento deportivo más importante del planeta.

El gobernador Ricardo Gallardo entendió rápidamente el potencial del momento. La transmisión masiva del encuentro en el Estadio Libertad Financiera, acompañada por la presentación de Vagón Chicano, convierte el arranque del Mundial en un acontecimiento social de grandes dimensiones. A ello se suma la suspensión de clases bajo el argumento de permitir que los estudiantes disfruten del encuentro. Una decisión que genera opiniones divididas, pero que, sin duda, coloca al gobierno estatal en el centro de la conversación pública.

En la capital, el alcalde Enrique Galindo tampoco se quedó observando el partido desde la banca. El Ayuntamiento desplegó una programación amplia en distintos espacios municipales, con la Plaza del Carmen como escenario principal. Megapantallas, actividades deportivas, eventos culturales y una estrategia orientada a convertir el Centro Histórico en punto de reunión para miles de aficionados forman parte de una apuesta que combina entretenimiento, convivencia y presencia institucional.

En Soledad de Graciano Sánchez, Juan Manuel Navarro siguió una ruta similar. El municipio preparó actividades propias para que los habitantes vivan el ambiente mundialista sin necesidad de salir de la localidad. Después de todo, si el balón está rodando, seguro la política también está operando.

El Mundial tiene una peculiaridad que los estrategas electorales conocen bien; genera emociones positivas. Por eso, no resulta extraño que algunos aspirantes, funcionarios y figuras públicas hayan encontrado la forma de colarse en la conversación con mensajes, eventos, discursos o actividades relacionadas con el torneo. El problema no es participar de la fiesta colectiva; el problema sería confundir la celebración deportiva con una precampaña permanente.

Mientras tanto, otros actores políticos parecen haber decidido esperar tiempos mejores. Quizá calculan que la emoción futbolera es demasiado intensa para competir contra ella. O quizá simplemente entendieron que hay partidos que conviene ver desde la tribuna. Quien sabe.

Más allá de simpatías partidistas, el Mundial ofrece una oportunidad interesante para San Luis Potosí. Durante algunas semanas, las disputas políticas, los desencuentros institucionales y las diferencias personales podrían pasar a segundo plano. No porque desaparezcan, sino porque el fútbol recuerda algo elemental; que existen causas capaces de reunir a personas que normalmente piensan distinto.

Tal vez esa sea la mejor enseñanza de estos días. Que, así como miles de personas pueden coincidir frente a una pantalla para apoyar a un mismo equipo, también debería ser posible construir acuerdos básicos en favor de San Luis Potosí. La Copa del Mundo terminará, los goles quedarán en el recuerdo y las campañas llegarán inevitablemente, pero mientras no se dé el silbatazo final, no estaría mal decretar una tregua. Aunque sea temporal. Aunque sea, solamente, por noventa minutos.

Cavilaciones:

Primera: La violencia extrema que protagonizaron los estudiantes del CONALEP en Matehuala, todos menores de edad, es resultado de la indolencia y la falta de capacidad de la directora, Amalia Estefanía Castillo Córdoba. Amalia es posición del delegado de la SEDESORE, Franco Coronado, es Ingeniero civil, se ha prestado a diversas acciones irregulares junto con su padre (pero esa es otra historia). El problema en la institución educativa que ahora dirige no terminó en tragedia porque Dios es grande y lo peor, la señora pensó que nadie se iba a enterar porque ella no lo reportó a sus superiores. Por menos de eso, en mis tejados ya la hubieran destituido.

Segunda: El profesor José de Jesús Cervantes Pérez quiere rescatar polvos de aquellos lodos convirtiéndose en repentino crítico del Gobierno del Estado cuando su vástago, Elí Cervantes, es corrupto, ejerce el nepotismo descarado y la extorsión sin recato desde la delegación de la SICT. Inepto e incompetente, Elí es una versión potosina de los excesos de Andy López Beltrán. Parece que los fundadores de Morena no les dieron buena educación ni principios a sus juniors ¡Miau!

Tercera: La secretaria de turismo, Yolanda Cepeda, es la nueva responsable del trabajo político del Partido Verde en Ciudad Valles. La funcionaria es encargada de trabajar en la zona indígena y, en corto, confesó a reporteros que trae compromiso con el controvertido «Tecmol» que, después de ser el rey del huachicol, ahora busca limosnas y anda de rogón con Gerardo Sánchez Zumaya, el aspirante de Morena a la gubernatura. Dirían los chavos: No, pues que le ponga un Oxxo.

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