A estas alturas, decir que Enrique Galindo Ceballos quiere ser gobernador de San Luis Potosí no es ninguna revelación; en realidad, es la confirmación de un secreto a voces que lleva años flotando en el ambiente político potosino. La diferencia, ahora, es que, por primera vez, el propio alcalde lo dice sin rodeos: sí quiere y sí va a participar en el proceso de 2027. Sin matices innecesarios, sin juegos de interpretación.
El momento tampoco es casual. Llega en medio de un escenario donde las piezas comienzan a acomodarse y donde los partidos y los perfiles empiezan a medir fuerzas, simpatías y, sobre todo, posibilidades reales. En ese tablero, Galindo no es un improvisado. Su nombre ha sonado con insistencia desde hace tiempo, pero hoy da un paso que, aunque esperado, no deja de ser relevante; asumir públicamente la aspiración.
En paralelo, su reciente nombramiento como Defensor de México por el Partido Revolucionario Institucional no es tema al que pueda restársele importancia. Más que un cargo honorífico, es una señal política que lo mantiene dentro del radar tricolor, incluso en tiempos donde las lealtades suelen ser más flexibles que los discursos. Y por si hiciera falta otro indicio de su posicionamiento, el Partido Acción Nacional tampoco le pierde la pista; lo sigue de cerca, casi con disciplina estratégica, como si supiera que ahí hay una carta que no se puede dejar pasar.
Su trayectoria, además, le da sustento a la aspiración. No sólo ha transitado por distintos niveles de responsabilidad en materia de seguridad, sino que logró lo que nadie más ha logrado en la política local; una reelección histórica como alcalde de la capital, en un contexto donde repetir en el cargo no siempre es garantía de continuidad política. Ese dato, por sí mismo, lo coloca en una posición distinta frente a otros perfiles que apenas comienzan a asomar.
La historia de Galindo con la gubernatura no empezó ayer. Ya la jugó antes, en aquellos tiempos en que se definía la candidatura que terminaría en manos de Juan Manuel Carreras López. En ese episodio, su camino se cruzó con el de Fernando Toranzo Fernández, y no precisamente en términos cordiales. La anécdota es conocida en ciertos círculos; su negativa a acceder a presiones para asignar contratos de uniformes de la Policía Estatal por la vía directa (a petición de la esposa del gobernador en turno) fue suficiente para cerrarle puertas.
Lo que siguió fue una especie de exilio con recompensa. Mientras en lo local se le complicaba el panorama, en el ámbito nacional encontró cobijo bajo el mando de Manuel Mondragón y Kalb, quien lo integró a su equipo hasta llevarlo a la Policía Federal. Curiosamente, en ese proceso apareció otra figura que hoy tiene peso en la política potosina: Héctor Serrano Cortés, entonces operador clave en la Ciudad de México, quien revisó y avaló su perfil en aquellos años. La política, como ha quedado demostrado en muchas ocasiones, tiene memoria y da muchas vueltas.
Hoy, con el destape ya sin reservas, Galindo entra formalmente a una carrera que, en realidad, nunca había abandonado del todo. Lo hace con estructura, con antecedentes y con un posicionamiento que no se construyó de la noche a la mañana. Falta ver cómo responden los partidos, cómo se acomodan las alianzas y, sobre todo, qué tanto pesa ese equilibrio entre el respaldo institucional y el coqueteo multipartidista.
Por ahora, lo único claro es que la contienda por 2027 ya empezó, aunque algunos todavía finjan que no. Y en ese arranque, Galindo no pidió permiso para levantar la mano, simplemente decidió dejar de bajarla.
Cavilaciones:
Primera: El IMSS y el ISSSTE registran un nuevo escándalo; aplicaron medicamentos piratas a enfermos de cáncer. Aquí, en San Luis Potosí, se descubrió que, en el Hospital Central, se compraron carretadas de esos medicamentos y es hora de que no hay sanciones. Total, que cuando no es Juana es Chana y, mientras la corrupción corroe el sistema de salud, la población derechohabiente sigue esperando atención y estudios especializados.
Segunda: Personal de la PROFECO trae sus mantitas para impedir que la gente compre gasolina en las estaciones de servicio donde, a su juicio, venden más caro el combustible. Este felino no puede con tanta ignorancia. Los gasolineros no pueden controlar los precios, el Gobierno Federal no entiende las reglas del mercado. De plano le pido a Dios que, por lo menos, les active una neurona a los funcionarios para que hagan una cosa, una sola, bien en su vida ¡Miau!
Tercera: Homero López García, dirigente del Consejo Nacional de la Tortilla, hizo rabiar a la presidenta Claudia Sheinbaum porque anunció un posible aumento al precio de entre dos y cuatro pesos. Muy oronda, la mandataria salió a decir que no hay motivos porque el maíz está más barato que nunca. Seguro la señora no sabe que los empresarios de esta industria pagan, además, renta, luz, agua, derecho de piso, impuestos, licencias de funcionamiento y empleados a los que, adicionalmente del salario, hay que pagarles seguridad social. En redes sociales, se le fueron como bestias los sicarios de la presidencia, como si eso matara la realidad que se vive en la economía de los mexicanos.