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Elucubraciones: Pueblos Mágicos y abandonados

Por El Gato Filósofo

Hubo un tiempo en que ser Pueblo Mágico representaba una promesa. No era sólo una placa colocada en la entrada del municipio ni un logotipo para presumir en los folletos turísticos. Era una distinción que obligaba a conservar el patrimonio, mejorar la imagen urbana, fortalecer la identidad local y convertir al turismo en una verdadera palanca de desarrollo. En San Luis Potosí, sin embargo, parece que varios ayuntamientos confundieron el nombramiento con una herencia permanente. Como si la magia fuera eterna y no requiriera mantenimiento.

El caso de Xilitla resulta particularmente ilustrativo. Mientras el municipio presume uno de los destinos más emblemáticos del estado y una de las principales puertas de entrada a la Huasteca, las denuncias sobre las condiciones del rastro municipal exhiben una realidad que poco tiene de mágica. La imagen de perros alimentándose de carne dentro de instalaciones públicas no sólo genera preocupación sanitaria, también revela algo más profundo; la incapacidad de las autoridades para atender asuntos básicos de administración y vigilancia. Si no pueden garantizar condiciones adecuadas en un servicio elemental, resulta legítimo preguntarse qué tan sólida es la gestión del resto del municipio. Y eso, desde luego, nada más es por dar un ejemplo.

El problema, por desgracia, no es exclusivo de Xilitla. Basta recorrer los seis Pueblos Mágicos potosinos para advertir que la fórmula parece repetirse. Aquismón continúa dependiendo exclusivamente de los atractivos que la naturaleza le regaló. Real de Catorce vive de la fuerza de su historia y de su misticismo, aunque enfrenta desafíos crecientes de infraestructura, movilidad y conservación. Tierra Nueva lucha por posicionarse sin encontrar todavía una identidad turística suficientemente robusta. Ciudad del Maíz parece condenado a permanecer fuera del radar turístico estatal. Santa María del Río, cuna del rebozo, conserva un enorme potencial cultural que pocas veces se traduce en una estrategia efectiva de promoción.

La incongruencia es evidente. Los municipios poseen atractivos extraordinarios, pero administraciones ordinarias. Tienen patrimonio, pero carecen de visión. Poseen historia, cultura, gastronomía y paisajes, pero parecen gobernados bajo la premisa de que los visitantes seguirán llegando por inercia.

Y la realidad demuestra exactamente lo contrario. El turismo es uno de los sectores más competidos del país. Cada año surgen nuevos destinos, nuevas rutas y nuevas experiencias. Mientras otros estados invierten en promoción, profesionalización y mejora urbana, los Pueblos Mágicos potosinos parecen atrapados en una cómoda contemplación de sus propias virtudes.

La responsabilidad recae, en buena medida, sobre sus alcaldes. Gobernar un Pueblo Mágico implica algo más que organizar festivales ocasionales, inaugurar letras monumentales o publicar fotografías en redes sociales. Significa construir una estrategia permanente de desarrollo turístico, cuidar la imagen urbana, fortalecer los servicios públicos y entender que la experiencia del visitante comienza mucho antes de llegar a un atractivo natural o histórico.

Lo preocupante es que algunos municipios parecen acercarse peligrosamente al punto en que el distintivo deje de ser una ventaja competitiva para convertirse en un simple recuerdo de mejores tiempos. La magia, después de todo, tiene un defecto: desaparece cuando deja de cuidarse.

Tal vez el resurgimiento de los Pueblos Mágicos potosinos no requiera fórmulas extraordinarias. Quizá baste con algo mucho más complejo para ciertos gobiernos municipales; administrar bien, planear a largo plazo, invertir con inteligencia y asumir que los nombramientos no son vitalicios, pues, si bien, los turistas pueden perdonar una calle en reparación o una temporada difícil. Lo que difícilmente perdonan es el abandono convertido en política pública.

En varios rincones de San Luis Potosí, la verdadera atracción turística parece ser la capacidad de algunas autoridades para sobrevivir políticamente mientras sus municipios pierden, poco a poco, aquello que alguna vez los hizo especiales. Ahí está el reto; Óscar Márquez, Temo Balderas, Güera Martínez Linarez, Pily Sánchez, Isis Díaz y Javier Sandoval. Tienen muchos pendientes.

Cavilaciones:

Primera: En Tamazunchale, las autoridades de Protección Civil están en alerta porque las lluvias tienen casi a tope la presa de Zimapán, en Hidalgo. El punto es que, cuando se llena, abren las compuertas y el agua corre hacia este municipio de la Huasteca Sur. Adelaido Cabañas anda medio despistado, pero parece que se ha puesto las pilas, tiene listo el programa para evacuar familias que viven en las zonas bajas del río y ya tiene habilitados algunos albergues. Más vale prevenir que lamentar.

Segunda: Después de la funada que le pusieron en redes sociales por el uso de relojes Cartier, el diputado verde-moreno-petísta, Tomas Zavala, renegó de la austeridad y presumió que tiene muchos relojes de alta gama como Rolex con incrustaciones de diamantes. El legislador suele vestir camisas Burberry, botas y sombreros de lujo. Se dio golpes de pecho, pero es seguro que no puede justificar la fortuna que ha amasado gracias a las conexiones políticas y sus vínculos con grupos de dudosa reputación, por no decir delictivos ¡Miau!

Tercera: El doctor Miguel Angel Lutzow Steiner, exsecretario de Salud durante el gobierno de Juan Manuel Carreras, ha tardado cuatro años para demostrar su inocencia. Tras un largo proceso, un Tribunal Colegiado lo ha absuelto y ha recuperado su libertad. Con gran dignidad, busca ahora regresar a su labor profesional. Sus abogados le aconsejan demandar al Estado para pedir una indemnización económica por el tiempo que pasó injustamente en prisión, pero ni todo el oro del mundo le podrá recuperar un solo segundo de ese difícil periodo de su vida. Este filósofo le envía un cordial saludo al siempre amable galeno.

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