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Elucubraciones: Los números de Galindo

Por El Gato Filósofo

En un país donde la seguridad suele ser el talón de Aquiles de los gobiernos locales, datos recientes colocan a San Luis Potosí en una posición que vale la pena observar con atención. No se trata únicamente de un discurso político, sino de cifras respaldadas por instancias como el INEGI y su ENSU, que hoy dibujan un escenario distinto al de años anteriores.

El alcalde Enrique Galindo ha puesto sobre la mesa resultados que, más allá de la narrativa, reflejan una tendencia consistente. Que la capital potosina haya alcanzado su mejor nivel histórico en percepción de seguridad, incluso por encima del promedio nacional en 6.3%, no es un dato que pueda minimizarse. Durante mucho tiempo, la percepción fue el reflejo más duro del desencanto ciudadano; hoy, comienza a convertirse en un indicador de recuperación.

Hay, sin embargo, un elemento aún más revelador; la ciudad está 35.6% mejor que en su peor momento, entre 2017 y 2018. Esa comparación no sólo dimensiona el avance, también evidencia que el punto de partida era complejo. Levantar una percepción deteriorada requiere más que operativos; implica constancia, estrategia y, sobre todo, presencia.

Ahí es donde entra uno de los pilares de esta administración: la policía municipal. La confianza ciudadana alcanzó 58.1%, colocándose 9.2 puntos por encima del promedio nacional. No es un dato perfecto, pero sí significativo en un contexto donde la desconfianza hacia las corporaciones de seguridad ha sido históricamente alta. Este avance habla de un trabajo sostenido en calle, de proximidad y de reconstrucción de vínculos.

Por si fuera poco, el hecho de que la capital de San Luis Potosí acumule 14 trimestres consecutivos dentro del top cinco de ciudades con mejor percepción de eficacia gubernamental refuerza la idea de que no se trata de un resultado aislado, sino de una línea de trabajo constante.

Los números duros también acompañan el discurso. De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Publica, los delitos totales disminuyeron 14%, superando las reducciones estatal y nacional. Más contundente aún es la baja en homicidios, con apenas 8 casos en el primer trimestre de 2026, lo que representa una reducción del 72% respecto al año anterior. A esto se suman caídas importantes en robos, particularmente con violencia y a negocio.

Por supuesto, ningún dato por sí solo resuelve el problema de la seguridad. Persisten retos, especialmente en delitos que impactan directamente la vida cotidiana, como el robo a transeúnte, sin embargo, sería injusto no reconocer que la tendencia general apunta en una dirección favorable.

En este contexto, el mensaje del alcalde Enrique Galindo cobra sentido: cerrar la administración con resultados que permitan heredar a los potosinos una ciudad más segura, tranquila y en paz. No es una meta pequeña ni sencilla, pero los indicadores actuales sugieren que hay bases sobre las cuales construir ese cierre.

La seguridad no se transforma de la noche a la mañana, pero si los datos comienzan a alinearse con la percepción ciudadana, es porque algo está cambiando. Y en San Luis Potosí, todo indica que ese cambio ya está en marcha.

Cavilaciones:

Primera: Los gasolineros publicaron ayer un desplegado en algunos medios de comunicación nacional en los que advierten que les resulta imposible sostener los precios de los combustibles y revelan que, desde hace por lo menos siete años, son víctimas de extorsión. Por si fuera poco, tienen que lidiar con la competencia desleal de los huachicoleros coludidos con autoridades de los tres niveles de gobierno. Ya no ven lo duro, sino lo tupido y no se ve que las cosas puedan mejorar en el corto plazo.

Segunda: San Luis participa en la edición 50 del Tianguis turístico de Acapulco, donde la paisana, Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, dio un breve discurso a oscuras porque se le fue la luz. Dice que ya tiene algo que contarles a sus nietos. No, pos qué emoción ¡Miau!

Tercera: Ayer, durante un evento del Día del Niño con la senadora Ruth González, en Ciudad Valles, se registró un incidente con una joven reportera. El cargabolsas de la legisladora del Partido Verde quiso desalojar a los periodistas que acudieron a cubrir la nota y en el forcejeo, según testigos, empujó a la chica de tal manera que le tocó los pechos. Algunas versiones aseguran que la senadora, al percatarse del incidente, intervino para meter paz, pero lo cierto es que en su círculo cercano hay, por lo menos, tres agresores de mujeres.

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