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Elucubraciones: Dos años de Claudia desde San Luis

Por El Gato Filósofo

La celebración por los dos años del triunfo electoral de Claudia Sheinbaum reunió a miles de simpatizantes, permitió transmitir el mensaje presidencial y dejó la fotografía que tanto buscaban Morena y el Partido Verde; la de una aparente unidad política en tiempos donde abundan más las sospechas que las coincidencias, aunque, claro, una cosa es la fotografía y otra muy distinta lo que ocurre abajo del escenario.

Muchas cosas se pueden decir en torno al evento de este domingo, pero la que más destaca es que, al menos durante la concentración, verdes y morenos lograron tolerarse. No necesariamente convivir, mucho menos reconciliarse. Tolerarse. Que, dadas las circunstancias políticas que han marcado la relación entre ambos grupos de manera histórica, ya puede considerarse un avance significativo.

Quien realmente tuvo el control de la jornada fue el gobernador Ricardo Gallardo Cardona. La logística, la operación territorial, la movilización y hasta el ritmo político del evento giraron alrededor de su figura. La celebración era para la presidenta, pero la conducción local tuvo un dueño evidente. Ahí estuvo el gobernador, cómodo, arropado y consciente de que, en San Luis Potosí, el Verde sigue demostrando que sabe llenar plazas cuando se lo propone.

Del otro lado apareció Rita Ozalia Rodríguez. La dirigente estatal de Morena fue quien convocó formalmente al evento y quien durante días llamó a la militancia a participar, sin embargo, la imagen que proyectó fue la de una dirigente incómoda, aislada por momentos y lejos de ejercer el protagonismo que, en teoría, le correspondía. El escenario terminó reflejando una realidad que desde hace tiempo se comenta en los pasillos políticos: Morena, en San Luis Potosí, tiene siglas y una marca comercial, pero el músculo territorial continúa estando en otras manos.

Y como en toda concentración política que se respete, nunca falta el oportunista profesional. Gerardo Sánchez Zumaña apareció puntual para hacer lo que mejor sabe hacer; dejarse ver. No organizó, no convocó, no operó, pero tampoco desperdició la oportunidad de figurar en una plaza llena. Hay personajes que entienden la política como un arte, otros la entienden como el arte de colarse. Y así fue.

En contraste, Juan Ignacio Segura Morquecho volvió a demostrar que su principal fortaleza está lejos de los discursos. El dirigente estatal del Verde entregó resultados como operador político. Lo mismo puede decirse del diputado Héctor Serrano, cuya mano se percibió en una organización que, pese a las diferencias internas y los inevitables forcejeos de egos, transcurrió sin sobresaltos relevantes. Cuando un evento de esta naturaleza termina sin crisis, sin pleitos públicos y sin accidentes políticos, normalmente es porque alguien hizo el trabajo previo.

Otro detalle que no pasó desapercibido fue la reaparición del diputado federal Gabino Morales. Su cercanía con Gerardo Sánchez Zumaña durante el evento fue observada con atención por quienes siguen la vida interna de Morena. La escena confirma lo que desde hace meses se comenta en redes sociales y en diversos espacios políticos; la relación entre Gabino y Rita Ozalia atraviesa una etapa de evidente distancia. No hizo falta declaración alguna, bastó observar dónde estaba cada uno. Con eso.

Al final, todos se fueron con algo que presumir. Morena podrá decir que celebró el segundo aniversario del triunfo de su presidenta. El Verde podrá presumir capacidad de convocatoria. Gallardo podrá mostrar que sigue siendo el actor político dominante en el estado. Y varios personajes más consiguieron las fotitos necesarias para presumir en redes sociales.

Lo que nadie debería presumir es el estado en que quedó parte del Centro Histórico, porque mientras los dirigentes hablaban de transformación, algunos asistentes decidieron transformar los jardines recién rehabilitados en improvisadas zonas de estancia. Áreas verdes dañadas, espacios intervenidos hace apenas unas semanas y cantidades francamente obscenas de basura fueron el saldo menos fotogénico de la jornada. Resulta curioso que un movimiento que suele hablar de conciencia social y responsabilidad colectiva tenga militantes tan empeñados en dejar evidencia exactamente de lo contrario.

En fin, así transcurrió la celebración. Con abrazos protocolarios, sonrisas calculadas, rivalidades temporalmente suspendidas y una plaza llena que permitió cumplir la encomienda. La unidad, por ahora, sigue existiendo, aunque más por necesidad política que por afecto genuino.

Cavilaciones:

Primera: Groseros rayando en lo violento, así es como se manejan los agentes de migración en el Aeropuerto Internacional Ponciano Arriaga. Familias procedentes de Dallas, Tx., reportan que separan a los menores de sus madres y los interrogan de manera cruel y agresiva. El personal del Instituto Nacional de Migración está convertido en un centro de personas tóxicas y peligrosas. Ante esta situación, no hay a quien acudir. La población está en estado de indefensión ¡Que Dios reparta suerte!

Segunda: En el PT, hay una revolución porque el dirigente estatal, el tamaulipeco, Gerardo Acosta Zavala, anda haciendo acuerdos políticos por encima de la militancia, pero le salieron respondones. Ahora resulta que el susodicho anda de oficioso y acomodaticio en apoyo a las personas que usurpan el oficio de periodistas y se dicen perseguidos porque no se quieren hacer responsables de su condición de propagandistas y sicarios de Morena en redes sociales. Ya dijeron los petistas mediante un desplegado dirigido a Alberto Anaya: o quitan al tal Gerardo o lo echan ¡Miau!

Tercera: Y ya que andamos por los terrenos del PT, a los oídos de este felino llegaron datos de que Ernesto Barajas, exsecretario de Educación del Gallardato, convertido en sensei de la dirigente de Morena, Rita Ozalia Rodríguez, anda metiendo las narices en territorio petista y dicen que ya les colmó la paciencia. Andan con todo esos del PT.

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