Este viernes el calendario marcará 13, una fecha que para millones de personas en Occidente está asociada con la mala suerte. Mientras para muchos no es más que un día cualquiera, para otros representa una jornada que conviene atravesar con mayor precaución, influenciados por supersticiones y tradiciones arraigadas desde hace siglos.
Creencias como evitar pasar por debajo de una escalera, temer a los gatos negros o considerar de mala fortuna romper un espejo siguen presentes en la vida cotidiana. Sin embargo, el temor al viernes 13 es uno de los más extendidos, sobre todo en culturas de raíz cristiana, donde se ha vinculado esta fecha con distintos episodios bíblicos y simbólicos.
De acuerdo con la Enciclopedia Británica, aunque el origen exacto de esta superstición sigue en debate, una de las explicaciones más citadas está relacionada con la triscaidecafobia, el miedo irracional al número 13. Diversos relatos de la tradición cristiana han reforzado esta percepción: se dice que la tentación de Adán y Eva ocurrió un viernes, al igual que el asesinato de Abel a manos de Caín y el inicio del diluvio universal.
A esto se suma la asociación con la Última Cena, en la que participaron 13 personas, incluido Judas Iscariote, y con la crucifixión de Jesús, que según la tradición ocurrió un viernes, lo que consolidó la carga simbólica negativa de la fecha.
No obstante, especialistas en psicología señalan que no existe evidencia científica que demuestre que el viernes 13 sea más peligroso que cualquier otro día. El temor, explican, se sostiene principalmente por el llamado sesgo de confirmación: las personas tienden a recordar con mayor fuerza los eventos negativos que coinciden con esta fecha, reforzando así la creencia.
Aunque estas supersticiones puedan parecer inofensivas, en algunos casos generan ansiedad y modifican el comportamiento de quienes las padecen. Al final, el viernes 13 parece ser más un reflejo del peso de la tradición y la cultura que una amenaza real para la vida cotidiana.
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