En 2019, el sistema de la Universidad para el Bienestar Benito Juárez García comenzó a operar en San Luis Potosí como parte de una estrategia federal que prometía ampliar el acceso a la educación superior en zonas rurales o marginadas. Ese año iniciaron cursos en Aquismón y Rayón para luego abrir un nuevo campus en Mexquitic de Carmona, sin embargo, a siete años de su arranque, los datos muestran un resultado distinto al planteado en el que la inversión consumada no ha logrado traducirse en un beneficio real para la ciudadanía.
De acuerdo con información oficial, difundida en el sitio web de la institución, del 2019 al 2025, se crearon cuatro mil 480 espacios para estudiantes en los tres campus de la universidad, sin embargo, sólo 731 están ocupados, es decir, en todo el estado de San Luis Potosí atiende a menos del 20 por ciento de su capacidad, hecho que contrasta sustancialmente con los millones de pesos que se han aplicado para el desarrollo de infraestructura, equipamiento y demás rubros complementarios.
Fue en Aquismón, donde se inauguró el primer campus del programa. Ahí, la capacidad es de mil 520 estudiantes y la matrícula actual es de apenas 363. A esta sede se le han destinado 37 millones 807 mil pesos. Rayón, donde también iniciaron actividades en la primera etapa del programa, tiene capacidad para mil 840 estudiantes, pero sólo hay 261 matriculados, lo que representa el 14 por ciento. En este caso, los recursos ejercidos rebasan los 23 millones de pesos.
En peor condición se encuentra Mexquitic de Carmona, campus que refleja el mayor desfase. Con espacio para mil 120 alumnos, apenas registra 107 inscritos, es decir, menos del 10 por ciento. La inversión acumulada del 2019 a la fecha para este plantel supera los 11 millones de pesos. En conjunto, la inversión pública en estas tres sedes supera los 72 millones, sin que exista correspondencia con el número de estudiantes atendidos.
Cabe recordar que el programa fue concebido para garantizar educación superior gratuita en regiones con altos niveles de marginación, sin embargo, la brecha entre la infraestructura disponible y su utilización plantea cuestionamientos sobre la planeación de las sedes, la pertinencia de su oferta académica y la efectividad del modelo para atraer y retener estudiantes que permitan ampliar su matrícula y abonar al desarrollo de su respectiva región.
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