
Estados Unidos ha desatado una nueva ola de medidas proteccionistas con la imposición de aranceles recíprocos a sus socios comerciales, incluyendo México, lo que pone en peligro la estabilidad del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). El presidente Donald Trump justificó estas acciones como parte de su estrategia para reducir el déficit comercial y fomentar la reindustrialización del país.
Desde el 4 de marzo, productos mexicanos que no están amparados por el T-MEC enfrentan un arancel del 25 por ciento al ingresar a territorio estadounidense. A esto se suma la aplicación, el 12 de marzo, de un impuesto del 25 por ciento a las exportaciones de acero y aluminio provenientes de México.
Trump ha calificado el T-MEC como un “desastre” y ha manifestado su intención de solicitar al Congreso su eliminación, argumentando que el déficit comercial con México asciende a 300 mil millones de dólares anuales y que esto equivale a un subsidio a la economía mexicana. Además, ha declarado una emergencia económica nacional para justificar la implementación de estas medidas a través de la Ley de Poderes de Emergencia Internacional de 1977.
El presidente estadounidense también anunció un arancel base del 10 por ciento para todas las importaciones y tasas diferenciadas para ciertos países, como China (34 por ciento), la Unión Europea (20 por ciento), Corea del Sur (25 por ciento), Japón (24 por ciento) y Taiwán (32 por ciento). Este giro en la política comercial podría provocar una desaceleración económica y un alza en los precios de productos como automóviles y ropa, afectando a consumidores y empresas en ambos lados de la frontera.
En territorio potosino, gran parte de la inversión extranjera se encuentra en el cluster automotriz, por lo que se esperan grandes afectaciones para todas estas empresas y, finalmente para la economía de los potosinos, puesto que muchas familias dependen de trabajos en la Zona Industrial.
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