En muchos hogares se comete el error a diario de tirar los restos de café por el fregadero, una práctica que puede provocar graves atascos. Al no disolverse en agua, estos residuos se combinan con la grasa del desagüe y forman tapones sólidos difíciles de eliminar.
Por ello, los expertos recomiendan cambiar este hábito, optando por secar los pozos durante 24 horas en un lugar ventilado para transformarlos en una herramienta útil de limpieza y mantenimiento doméstico.

Una vez secos, los pozos de café destacan por su versatilidad, funcionando como un excelente neutralizador de olores en neveras, armarios y zapateros gracias a su porosidad. Además, su textura actúa como un abrasivo suave ideal para eliminar restos quemados en ollas de acero inoxidable o hierro fundido, y sirven para controlar el polvo al limpiar cenizas de chimeneas.
Su uso se extiende incluso al diseño, pudiendo emplearse como un tinte natural para dar un acabado «vintage» a tejidos de algodón o lino.

En el ámbito del jardín, estos desechos aportan nitrógeno al compost o a la tierra de las macetas, siempre que se utilicen en cantidades moderadas (menos del 20%) para evitar la acidificación del suelo o la aparición de moho.
Reutilizar el café no solo previene problemas de fontanería, sino que ofrece una alternativa ecológica y económica para el cuidado del hogar. Ya sea para mejorar el abono o eliminar malos olores, el destino del café post-cafetera debe estar lejos de las tuberías y cerca de la sostenibilidad.