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[VIDEO] Once años de espera, una sentencia histórica: el día en que Tamuín escuchó la palabra justicia

* Filiberto “N” recibe 175 años de prisión por los feminicidios de dos niñas y una mujer; los padres de las víctimas, la jueza y defensoras de derechos humanos cuentan la historia detrás del fallo

Después de once años de espera, de puertas tocadas sin respuesta y de un camino marcado por la indiferencia, este miércoles fue distinto para tres familias de Tamuín.

Por fin, la justicia dejó de ser una promesa lejana.

Durante más de una década vieron pasar jueces, abogados, amparos y audiencias sin que nada cambiara. No había sentencias. No había avances. No había justicia. Y como si no bastara el dolor de haber perdido a sus hijas de la forma más cruel, tuvieron que cargar también con la dilación y la frialdad del sistema judicial.

Pero el 25 de febrero de 2026 marcó un antes y un después.

Poco antes del mediodía, los familiares de Itzel Romani (11 años), Eliehoenai (32 años) y Dulce Ximena (9 años) llegaron a las oficinas del Juzgado de Ejecución de Penas. Entraron a la sala de la jueza Rosa Elena Blanco Ríos, quien entregaría de manera personal la sentencia impuesta a Filiberto “N”, el feminicida serial de Tamuín.

Los rostros cansados reflejaban el paso del tiempo, pero en los ojos se asomaba un destello de esperanza. Los primeros minutos de la audiencia final transcurrieron en silencio. Luego, poco a poco, el murmullo y los sollozos se transformaron en gritos. No eran gritos de miedo ni de dolor: eran esos que nacen del alma cuando por fin escuchas lo que tanto le hacía falta a tu corazón.

Filiberto “N” fue condenado a 175 años y 4 meses de prisión por los crímenes en los que perdieron la vida dos menores de edad y una mujer adulta.

El primero en hablar fue don Guadalupe Chávez Martínez, padre de Eliehoenai. Con casi 70 años, lloraba mientras abrazaba a su esposa y a sus hijas.

“Justicia para ella, hoy descansa en paz”, alcanzó a decir, con la voz quebrada. “Hoy nos dan consuelo con que este individuo siga en la cárcel para que no haga más daño a las familias de Tamuín, porque eso era lo que estaba haciendo. Muchas personas todavía ayer me decían que ojalá se quedara toda la vida en la cárcel por todo el daño que nos hizo y el dolor que nos dejó. Nada nos devuelve la vida de ellas, pero lo que necesitábamos escuchar era que ese tipo se va a quedar en prisión para siempre, porque le va a faltar vida para salir”, expresó.

Agradeció a la abogada, a los abogados y a la jueza. “Después de más de 10 años tocando puertas y haciendo ruido, hoy por fin tenemos una respuesta”.

Por su parte, Gloria Castillo, madre de Itzel Romani, de apenas 11 años de edad, fue contundente: “No hay duda de la culpabilidad de Filiberto”. Cuando se le preguntó si hoy confían en las autoridades, respondió:

“Sí, hoy confiamos plenamente. Gracias a la licenciada y a la jueza, porque teníamos más de 10 años buscando justicia y hoy la estamos obteniendo”.

Con la fotografía de su hija siempre en las manos, Daniela Reyes, madre de Dulce Ximena, la más pequeña de las víctimas, llegó al juzgado acompañada de su otra hija y su madre. En el cartón se leía una sola palabra: Justicia. La misma que buscó durante años y que, hasta ahora, parecía inalcanzable.

En su rostro aún se reflejan los años de dolor, pero también las heridas que dejó el trato de las propias autoridades. Daniela no sólo perdió a su hija: también fue víctima de violencia institucional durante los años en que el caso estuvo en manos de la Fiscalía.

“Fui víctima de tortura psicológica. Me acusaban de explotar a mi pequeña, de gastarme su pensión. Enfrenté esas acusaciones; casi me hicieron responsable de lo que le pasó”, relató.

Abrazada de su madre, dijo que, al final, la justicia llegó. Agradeció a la abogada que llevó el caso y a la jueza. “Ella se documentó, hizo muy bien su trabajo. Las dos veces que he venido aquí nos atendió y nos aseguró que tendríamos una sentencia justa. Muchas gracias. A los licenciados que estuvieron con nosotros… y a Dios, porque hoy esta sentencia nos devuelve la esperanza”.

Recordó el momento exacto en que escuchó los años de condena: “Cuando la licenciada dijo los años, sentí una emoción muy fuerte, sentimientos encontrados. Nos trajo paz. Al fin logramos lo que tantos años buscamos. A Filiberto le va a faltar vida para salir; ahí se va a morir en la cárcel”.

Luego vino la voz institucional, la de la jueza Rosa Elena Blanco Ríos, quien explicó el alcance de la resolución:

“Nuestro trabajo queda marcado hoy por una buena sentencia: darle certeza jurídica a las víctimas y también al acusado, para que todos tengan conocimiento de lo que se ha dictado y puedan tener una conclusión a estos hechos dolorosos. Este expediente lo recibimos, lo observé, lo estudié y decidí darle salida para darles lo más justo a las familias”.

La jueza detalló que tanto Filiberto como las personas ofendidas, el defensor público y las asesorías jurídicas aún tienen derecho a recurrir a la apelación, y posteriormente al amparo, como últimas instancias legales. Explicó también que la penalidad impuesta corresponde a los delitos de feminicidio y feminicidio agravado, al haber sido cometidos en agravio de dos niñas y una mujer adulta.

Filiberto ha permanecido detenido 11 años, 7 meses y 20 días, tiempo que será ajustado a su condena una vez que la sentencia quede firme.

“Quisiéramos creer que esta sentencia sienta un precedente en la historia de la justicia en San Luis Potosí. Nosotros nos dedicamos a hacer nuestro trabajo y hacerlo de la mejor manera posible, garantizando y tutelando los derechos de todos los intervinientes, apegados al respeto de nuestras leyes”, señaló.

Filiberto, precisó, permanecerá en un penal federal de máxima seguridad en Durango.

Para las organizaciones de derechos humanos, la sentencia no sólo es histórica para Tamuín, sino que abre la puerta a que el caso crezca. Karla Michel Salas Ramírez, directora del Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social del Estado de México, advirtió que aún existen dos carpetas de investigación pendientes, por lo que no se descarta que puedan agregarse más casos.

“Esta sentencia puede sentar un precedente. En este país se cometen alrededor de 10 feminicidios todos los días, pero aquí no estamos hablando de un solo caso: estamos frente a un feminicida serial, con un patrón muy específico”, explicó.

Señaló que este tipo de casos, en la gran mayoría de las veces, quedan en la impunidad y que rara vez las víctimas y la sociedad logran conocer la verdad.

“Lo que estamos viendo hoy es que, por primera vez, una autoridad en primera instancia está dictando una sentencia muy importante contra un feminicida serial, y de eso prácticamente no hay antecedentes”, sostuvo.

Sobre los señalamientos de que Filiberto pasó algunos años en Ciudad Juárez, un municipio conocido internacionalmente por crímenes con características similares —feminicidios sexuales sistemáticos—, indicó que esa línea no se descarta, pero no fue investigada en su momento.

“Las autoridades de San Luis Potosí evidentemente no podían hacerlo porque era jurisdicción de Chihuahua. Y hay que decirlo: México ha recibido sentencias internacionales por feminicidio debido a la ineptitud y a la impunidad que han marcado a ese estado”, recordó.

Aun así, destacó el valor de lo ocurrido en este caso:

“Estamos contentas y satisfechas, porque cada vez que logramos quitarle un tabique a este muro de la impunidad, todas las mujeres avanzamos en la lucha contra la violencia hacia mujeres y niñas”.

Finalmente, hizo un reconocimiento directo a la jueza Rosa Elena Blanco Ríos: “Su labor ha sido excepcional. Su presencia ha logrado transformar el sentido de la justicia y lo que significa que una jueza esté cercana a la gente”.

Once años después, Tamuín por fin escuchó una palabra que parecía imposible: justicia. Tarde, sí. Pero necesaria. Y, para estas familias, indispensable para empezar a respirar de nuevo.

Hoy las lágrimas ya no son sólo de dolor.

Hoy vacían el corazón de esa tristeza que cargaron por más de once años.

Hoy aligeran el peso de sus pasos por esta vida.

Hoy son una catarsis para la memoria de sus hijas.

Hoy esas lágrimas, que eran sed de justicia, llegan por fin a su destino.

Y aunque nada de esto les devuelve la vida a Itzel, Eliehoenai y Dulce Ximena, sí les devuelve a sus familias la paz de saber que no habrá más víctimas. Que el hombre que les arrebató todo no volverá a hacerlo.

Hoy le demuestran a todos que la justicia, aunque tarde, llega.

Hoy, al final de un camino largo y doloroso, la luz de la esperanza alcanzó por fin sus nombres.

Itzel, Eliehoenai y Dulce Ximena hoy descansan en paz.

Seguiremos informando.

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