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Reflejos II

Por Carlos Pérez García

Vimos a este personaje ya histórico frente a Felipe Calderón, y a ambos en comparación con Carlos Salinas de Gortari, para arrojar luz en la disputa sobre quién podría ser el mejor y el peor presidente de la historia. Más que intenciones o engaños demagógicos, se trata de ver avances, resultados y perspectivas reales aun con las complicaciones del lapso 1993-94 al final de aquel sexenio, que tuvo avances sustanciales en la recuperación tras la gran crisis populista de “la docena trágica” (1970-82) y sus efectos posteriores.

Desde el salinismo se veía a AMLO como un dirigente muy voraz, y luego se dio aquella campaña para dificultarle su acceso al poder, que lo caracterizaba como “un peligro para México”. Más que ubicar allí una intención antidemocrática, tal vez la clave hoy es que el tiempo acabó dándoles la razón, pues los resultados de la gestión sexenal 2018-24 han sido sumamente negativos para el país en muchas áreas fundamentales, con todo y la popularidad artificiosa de un líder que siempre sobreestimó sus capacidades.

Miren, en aquellos momentos se registró una lucha por el poder entre el populismo echeverrista que quería volver, y un liberalismo modernizador que prevaleció a pesar del magnicidio de Luis Donaldo Colosio. Aparentemente se trataba de la Economía y la eficacia por encima de la Política más ideológica, con la participación directa o indirecta de Manuel Camacho Solís y José Córdoba Montoya.

Son muchas las correlaciones entre aquel período y el actual, pero veamos aquí algunas de las más reveladoras.

En contraste con López Obrador, Salinas integró un gabinete muy sólido y profesional en lo técnico y lo político con Pedro Aspe en la Secretaría de Hacienda, Arsenio Farell en Trabajo, Fernando Solana en Relaciones Exteriores, Carlos Hank en Turismo, Fernando Gutiérrez Barrios en Gobernación, Manuel Camacho como negociador y regente en el Distrito Federal o José Córdoba como asesor principal y jefe de la Oficina de la Presidencia. En un inicio también estaba Manuel Bartlett en Educación, quien ya exhibía lo que luego se potenció.

Aparte del brillante Farell, que era mi superior, conocí bien a Camacho, Salinas y Córdoba. Entre estos tres resaltaba la inteligencia del tercero, y así el presidente mostró que no le inquietaba que le pudieran hacer sombra individuos más inteligentes que él, pues acreditaba bastante seguridad y lo esencial era aprovecharlos. El mayor afecto personal lo tuve con Camacho, quien al haber hecho tantos méritos pensó que eso le garantizaba suceder a su amigo el presidente, lo cual le resultó contraproducente. Y, bueno, aunque muchos consideraban a Pepe Córdoba como perverso e intrigante, debo precisar que conmigo su trato fue siempre muy amistoso, sencillo y desinteresado.

En fin, otros elementos de interés en este esquema son las sucesiones a favor de Zedillo en 1994 y de Sheinbaum en 2024, quienes difícilmente podrían ser más diferentes en cuanto a talento y experiencia, si bien con ambos se buscaba continuidad y subordinación. En el primer caso, lo personal se cayó muy pronto. Y en el segundo aún se mantiene todo a gran costo para la abrumada heredera.

Hay más puntos a cubrir: una comparación ideológica y real entre CSG y AMLO, la transición pactada de Zedillo hacia el panismo o las graves crisis económicas de 1995… y 2025. Con ello concluiré esta serie de tres artículos el próximo sábado.

* DICEN MUCHOS CIUDADANOS LIBRES que no van a participar en la elección judicial del 1 de junio cuyas campañas políticas acaban de empezar. Una opción estaría entre normalizar y legitimar la degradación del sistema judicial, y salvar lo más que se pueda con un último recurso: nuestro voto (lo mejor informado posible) por los candidatos más adecuados que aún estén en las boletas. Al votar por opciones que no sean pésimas, nos alejaríamos del riesgo de hacerle el juego al gobierno y los criminales, aunque los acarreados aún pueden prevalecer.

MUNICIPIO SOLEDAD GRACIANO SANCHEZ
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