Muchos han escuchado la advertencia de que ingerir alimentos después de cierta hora garantiza un aumento de peso, convirtiendo a la cena en el supuesto «enemigo» de la dieta, sin embargo, la realidad científica sugiere que el impacto en el peso corporal no depende estrictamente del horario del reloj, sino del balance energético general.
Lo que realmente determina la acumulación de grasa es la suma total de calorías consumidas durante el día y el gasto energético, más que el momento específico en el que se realiza la ingesta.
De acuerdo con investigaciones publicadas en la revista científica Cell Metabolism y respaldadas por especialistas en nutrición de la Escuela de Medicina de Harvard, el problema no es el metabolismo nocturno en sí, sino el ritmo circadiano y nuestras elecciones alimentarias.
Los estudios indican que, aunque el consumo de alimentos cerca de la hora de dormir puede alterar la regulación de la glucosa y la saciedad, el factor determinante para ganar peso sigue siendo la calidad y cantidad de lo ingerido.
El cuerpo no «apaga» su capacidad de procesar calorías al llegar la noche, aunque la respuesta metabólica a la insulina puede ser ligeramente menos eficiente en horas de oscuridad.
Entonces, ¿de dónde viene la mala fama de la cena? La evidencia apunta a que, por lo general, quienes comen tarde tienden a elegir alimentos con mayor densidad calórica, procesados o con exceso de azúcar y grasas, impulsados muchas veces por el cansancio o el estrés emocional.
En lugar de obsesionarse con el horario, los expertos recomiendan priorizar la calidad de los alimentos y asegurarse de que la última comida del día sea equilibrada, permitiendo una mejor digestión y un descanso reparador, elementos fundamentales para mantener un peso saludable a largo plazo.
Seguiremos informando.

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