
La Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca, ubicada en Michoacán y el Estado de México, recibe cada año entre noviembre y marzo a millones de mariposas que migran desde Estados Unidos y Canadá para hibernar en los bosques de oyamel. Para protegerlas, los visitantes deben seguir reglas estrictas como guardar silencio, caminar con cuidado y mantener distancia de las colonias, a fin de no alterar su ciclo natural.
El santuario El Rosario, en Michoacán, es uno de los principales puntos de conservación. Horacio Cruz, cuidador del lugar, destaca que la protección de la mariposa monarca forma parte de la identidad comunitaria y representa una fuente de empleo durante la temporada. Señala que la comunidad se organiza en comités que se turnan anualmente para el cuidado del bosque y la distribución equitativa de los beneficios económicos.
Los pobladores realizan labores de reforestación, mantenimiento forestal y prevención de incendios durante el resto del año. El santuario cuenta también con vigilancia permanente de unos 300 elementos del Batallón de Protección Ambiental de la Guardia Nacional, quienes realizan patrullajes para evitar la tala ilegal y el robo de flora y fauna.
La soldado Stephanie Rojas explicó que la tala está prohibida en la reserva por el daño que causa al ecosistema y que mantienen coordinación constante con autoridades de los tres niveles de gobierno para garantizar la seguridad de la zona y de las comunidades.
Desde 2008, la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca es Patrimonio Mundial Natural de la Unesco. De acuerdo con los cuidadores, en la actual temporada se han formado cinco colonias que abarcan entre un cuarto y dos hectáreas cada una, con la llegada constante de mariposas desde el 2 de noviembre, una fecha que para las comunidades locales tiene un profundo significado simbólico.
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