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Un 10 de mayo sin mamá

Entre la ausencia y la presencia que permanece

El Día de la Madre suele estar lleno de encuentros, llamadas, flores y palabras que buscan agradecer. Sin embargo, para muchas personas, esta fecha tiene un matiz distinto: es un día atravesado por la ausencia. Ya sea por la pérdida o por la distancia, no todas las historias permiten un abrazo ese día. Y es importante decirlo con claridad: sentir nostalgia, tristeza o incluso un vacío más profundo es completamente natural.

Sabemos que los vínculos significativos no desaparecen, incluso cuando la persona ya no está o no puede estar físicamente presente. El lazo con mamá, construido a lo largo de años, se convierte en una presencia interna: en recuerdos, en aprendizajes, en formas de ver y habitar el mundo. Por eso, cuando llega una fecha simbólica como el Día de la Madre, esas memorias se activan con más intensidad.

Resignifica esa Emoción

La nostalgia, lejos de ser un enemigo, es una emoción que cumple una función importante: nos conecta con lo que ha sido valioso en nuestra vida. Sentirla no significa retroceder, sino reconocer que hubo amor, cuidado y momentos significativos que dejaron huella. En ese sentido, la tristeza que puede aparecer en este día no es un signo de debilidad, sino de vínculo.

Ahora bien, ¿cómo transitar un 10 de mayo cuando mamá no está cerca? Una de las estrategias más valiosas es resignificar la fecha. En lugar de centrarse únicamente en la ausencia, puede convertirse en un espacio para honrar la relación. Esto puede tomar muchas formas: escribir una carta, revisar fotografías, cocinar una receta que ella solía hacer o simplemente dedicar un momento consciente para recordar lo que representó en tu vida.

La tecnología a tu favor

En casos de distancia, la tecnología puede ser una aliada. Una videollamada, un mensaje de voz o incluso un gesto simbólico compartido a la distancia pueden mantener vivo el vínculo. A veces no se trata de grandes acciones, sino de sostener la conexión de manera auténtica, aunque sea a través de una pantalla.

Otra herramienta importante es permitir la emoción sin juicio. Muchas veces existe una presión social por “estar bien” en fechas especiales, pero la experiencia emocional es diversa. Algunas personas sentirán paz, otras melancolía, otras una mezcla de ambas, darse permiso para sentir, sin forzarse a encajar en una expectativa, es una forma de autocuidado.

También puede ser útil compartir este día con otras personas significativas: familiares, amigos o incluso figuras que han cumplido un rol de cuidado en la vida. La psicología reconoce que los vínculos no son exclusivos ni limitados a una sola figura, y abrirse a otras formas de conexión puede ser profundamente reparador.

Al final, un 10 de mayo sin mamá no tiene que ser únicamente un día de ausencia. Puede ser también un día de presencia distinta: en los valores que transmitió, en las palabras que aún resuenan, en las formas de amar que aprendimos de ella.

Porque, aunque no siempre esté físicamente, su influencia sigue viva en lo que somos. Y reconocer eso, con ternura y honestidad, también es una forma de celebrar.

Estefanía López Paulín
Contacto: [email protected]
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