
El mayor análisis realizado hasta ahora sobre fósiles de Tyrannosaurus rex sugiere que el famoso depredador del periodo Cretácico tuvo un desarrollo tardío y lento, alcanzando la madurez plena entre los 35 y 40 años, mucho más tarde de lo que se creía. El estudio, publicado el 14 de enero en PeerJ y Science, analizó los anillos de crecimiento en los huesos de 17 ejemplares de T. rex de distintas edades.
Durante décadas se pensó que este dinosaurio alcanzaba su tamaño máximo —hasta ocho toneladas de peso— en apenas 20 o 25 años. Sin embargo, el nuevo análisis indica que el crecimiento fue más prolongado y variable, dependiendo de las condiciones ambientales. Esto implica que el T. rex pasó gran parte de su vida como un depredador de tamaño mediano, antes de convertirse en el coloso que domina el imaginario popular.
El equipo de investigación examinó cortes microscópicos de los huesos de las piernas, que reflejan con mayor precisión los ritmos anuales de crecimiento. Mediante luz polarizada y un algoritmo que integró los datos de varios individuos, los científicos reconstruyeron la curva de crecimiento de la especie con menor margen de error que estudios previos. Al considerar anillos antes descartados, la estimación de edad adulta se amplió en alrededor de 15 años.
Los resultados también abren el debate sobre la posible existencia de más de una especie de tiranosaurio, ya que dos fósiles mostraron patrones de crecimiento atípicos. Esto podría indicar variación entre especies, condiciones de salud distintas o adaptaciones a entornos específicos.
Para especialistas en paleontología, el estudio ofrece la imagen más clara hasta ahora del ciclo de vida del mayor depredador terrestre conocido. Lejos de nacer como un gigante imparable, el T. rex habría pasado décadas creciendo y compitiendo con otros carnívoros, adaptándose gradualmente a distintos nichos ecológicos antes de convertirse en el temido cazador que hoy fascina a la ciencia y al público.
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