
Parafraseando la magistral obra del genio García Márquez, y sin pretender hacer un símil con su historia, reflexionemos sobre el renacimiento del amor como el mayor de los sentimientos del ser humano, en estos momentos de convulsión y de tragedia.
El amor se reencontró en las familias.
En ese afán instintivo de las madres por proteger y salvaguardar a los hijos.
El amor resurgió en la preocupación en los matrimonios; no salgas dice ella, no te expongas dice él. Me haces falta, no vayas, se escucha en todos los hogares.
El amor brotó entre vecinos, en aquellos que ayer ni se saludaban “cuídese doña, no se arriesgue Don”.
El amor renació en una sociedad indiferente; algunos cantan y hacen música desde sus balcones y ventanas, urgidos de alentar a los demás.
El amor se desbordó en los Médicos y enfermeras, camilleros y afanadoras en los hospitales, en las clínicas, que más allá del deber entregan su bienestar y seguridad por atender y salvar a quienes ni siquiera conocen. Su apostolado es la mayor muestra de amor de la que es capaz un ser humano.
El amor se manifiesta entre los cientos, miles de mujeres y hombres que se preocupan por estos magnánimos profesionales de la salud que hoy arriesgan su vida por… por quien sabe quien. Algunos de una forma, otros de otra. Lo importante es amarlos y agradecerles.
El amor se muestra asombrosamente porque volvemos a pensar en los que no tienen las mismas oportunidades que nosotros. En los que cierran sus pequeños negocios, en quienes se quedan sin sustento. Ellos vuelven a ser nuestros.
Si algo bueno dejará esta tragedia es que la Humanidad se ha reencontrado con el maravilloso sentimiento del amor.
Tal vez el Gabo, tendría materia para escribir la segunda parte de su genial novela.
El amor en los tiempos de Covid-19.