Columnas

Lo que heredamos de mamá

Vínculos, conducta y la huella invisible que nos forma

Cada 10 de mayo, durante el Día de la Madre, solemos pensar en flores, agradecimientos y recuerdos compartidos. Sin embargo, más allá de los gestos visibles, hay una herencia mucho más profunda y silenciosa que recibimos de nuestras madres: patrones de conducta, formas de vincularnos y maneras de entender el mundo.

Desde la psicología del desarrollo, se ha estudiado ampliamente cómo la figura materna (o quien cumple ese rol) influye en la construcción de nuestra vida emocional. Uno de los conceptos clave es el del apego, desarrollado por John Bowlby, quien propuso que el tipo de vínculo temprano que establecemos con nuestra madre impacta directamente en cómo nos relacionamos en la adultez. La seguridad, la confianza y la capacidad de regular nuestras emociones no surgen de la nada: se construyen, en gran medida, en esos primeros vínculos.

Pero no se trata solo de afecto. También heredamos estilos de afrontamiento. Es decir, la manera en que enfrentamos el estrés, resolvemos problemas o reaccionamos ante la incertidumbre. Diversas investigaciones han mostrado que los niños tienden a internalizar las estrategias que observan en sus cuidadores. Una madre que maneja las dificultades con calma y resiliencia no solo enseña con palabras, sino con el ejemplo constante.

Otro aspecto relevante es la regulación emocional. Antes de aprender a nombrar lo que sentimos, aprendemos a sentir “acompañados”. La forma en que una madre responde al llanto, la frustración o la alegría de un hijo influye en el desarrollo de su inteligencia emocional. A largo plazo, esto puede traducirse en adultos con mayor capacidad de empatía, autocontrol y comprensión de los demás.

También heredamos creencias. Muchas de nuestras ideas sobre el amor, el esfuerzo, el éxito o incluso el propio valor personal tienen raíces en los mensajes (explícitos o implícitos) que recibimos en casa. No se trata de una transmisión rígida, sino de una construcción compartida, donde la madre suele ser una de las voces más influyentes.

Sin embargo, es importante no entender esta herencia como un destino fijo. La psicología contemporánea ha demostrado que, aunque los primeros vínculos son fundamentales, las personas tenemos una enorme capacidad de cambio. La conciencia de estos patrones no nos limita, al contrario: nos da la posibilidad de elegir qué conservar, qué transformar y qué reconstruir.

En este sentido, reconocer lo que heredamos de mamá puede ser un acto profundamente liberador. No solo nos permite entendernos mejor, sino también mirar a nuestras madres con mayor complejidad: como personas que, con sus propias historias, hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían.

Este Día de la Madre, quizá valga la pena ir más allá del agradecimiento automático y preguntarnos: ¿qué de mí viene de ella? ¿Qué formas de amar, de cuidar o de enfrentar la vida aprendí sin darme cuenta? En esas respuestas, muchas veces, encontramos no solo nuestra historia, sino también la posibilidad de escribirla de una manera más consciente.

Estefanía López Paulín
Contacto: [email protected]
Número: 4881154435

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