
En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira; todo es según el cristal con que se mira. Esto dice el poema del español Ramón de Campoamor, y puede aplicarse sin deslices a lo que hoy están haciendo los diputados encargados de aprobar las leyes de ingresos municipales.
En San Luis Potosí tenemos 27 diputados, pero solo dos fuerzas políticas en el Congreso del Estado: la alianza que forman los partidos Verde, Morena, PT y Nueva Alianza, y el PAN. Las diputadas del PRI, Sara Rocha y Frinné Azuara, son más verdes que el limón; y Marco Gama, de Movimiento Ciudadano, se mueve a conveniencia.
La mayoría de los diputados, diputadas y diputades no tienen la más mínima idea de cómo se elabora una ley de ingresos o un presupuesto de egresos, ni siquiera aquellos que repiten en el cargo.
Los hacedores de boletines informativos del poder legislativo le echan ganas a la terminología cuando se trata de justificar algunas negativas a aumentar impuestos que autorizan a ciertos ediles pero niegan a otros.
Los presidentes municipales siempre son rehenes de los diputados que no estudian los indicadores económicos para que los ayuntamientos cobren lo justo.
A nadie le gusta pagar impuestos, pero de no hacerlo, todo territorio sería un gran chiquero. A los diputados no les importa lo que tenga que pasar la gente para garantizar el abasto de agua, la recolección de basura, que los policías municipales tengan gasolina en sus patrullas, o que los empleados municipales que sí trabajan reciban su salario y prestaciones conforme a la ley.
A los diputados lo único que les interesa es flotar hasta que se acabe el cargo, para luego volver a pedir el voto ciudadano y conservar su estatus.
El pueblo es, en realidad, solo una palabra sin sentido cuando se trata de fastidiar al adversario político. Pero si usted, querido lector, le pregunta a un diputado cuál es el fundamento de un presupuesto, le aseguro que se quedará con “cara de what”.
Así las cosas con los diputados de las comisiones de Hacienda. En el caso de Matehuala, autorizan un aumento del 20% a los valores unitarios del suelo, mientras que a San Luis Potosí le niegan la propuesta del 10% y le obligan a mantener los costos de 2024, sin considerar el descomunal crecimiento de la ciudad y el desorden en el mercado inmobiliario que encarece tanto la tierra como la vivienda.
Las comisiones de Hacienda y Presupuesto del Congreso del Estado, encabezadas por la diputada Dulcelina Sánchez, reportaron en un boletín informativo que también negaron el aumento a los parquímetros.
En Matehuala, los aumentaron sin consultar a nadie; la gente pataleó y gritó, pero no hubo diputado que atendiera el agravio.
Como sea, la negativa tiene una razón: apretarle el cinturón al presidente municipal de la capital, Enrique Galindo, para generarle inconformidad ciudadana que lo desgaste durante todo el año.
La estrategia es de corto entendimiento. Cualquiera que tenga dos dedos de frente y haya observado el manejo del edil en sus primeros tres años podría deducir fácilmente que victimizarse no es precisamente la característica de un alcalde acostumbrado a encontrar herramientas para convertir las crisis en oportunidades.
Cavilaciones:
Primera. Cuentan que el oscuro Enrique Flores Flores (Kike Flores) se pasea como diva con el secretario de Agricultura del Gobierno del Estado, Jorge Díaz Salinas. Los exdiputados hacen y deshacen a sus anchas sin que nadie les ponga un freno.
Segunda. A Enrique Dahud Uresti, secretario general del PAN, le gustó eso de ser sicario. Amenazar, amedrentar y humillar a sus compañeros de partido le provoca un “no sé qué, qué sé yo”. Como filósofo, solo puedo decir que sé que es un despojo de un partido que alguna vez fue grande.
Tercera. Cuentan que el equipo del vilipendiado empresario y aspirante a gobernador, Gerardo Sánchez Zumaya, ya reporta peleas internas. Todos quieren su atención y, en ese afán, se andan comiendo unos a otros. ¡Miaaauuhhh!