
Hay noticias que aparecen en el momento oportuno y que dan ánimos, que son un respiro, pues. El reconocimiento nacional alcanzado por la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí es, justamente, una de esas noticias, ya que no sólo presume un resultado académico sobresaliente, también le entrega algo que en los últimos meses parecía escaso en el edificio central; aire político.
El dato, desde luego, es importante por sí mismo. Medicina vuelve a colocarse entre las mejores del país, mantiene una consistencia que no se construye con discursos, sino con trabajo y, con ello, confirma que, cuando se habla de formación médica en San Luis Potosí, la UASLP sigue jugando en la primera división. El efecto colateral, sin embargo, es todavía más interesante; el resultado le devuelve margen al rector Alejandro Zermeño Guerra.
La gestión de Zermeño no ha navegado en aguas tranquilas. Ha tenido que administrar una universidad atrapada entre el prestigio histórico y las restricciones presupuestales de la educación pública mexicana. Hacer más con menos se convirtió en consigna obligada y, en ocasiones, también en castigo permanente.
La UASLP ha enfrentado limitaciones financieras, presión por ampliar cobertura, exigencias de infraestructura, demandas salariales, crecimiento de matrícula y la necesidad de sostener estándares académicos cada vez más altos. Todo ello, mientras el discurso público suele pedir resultados de universidad de élite con presupuestos ridículos emanados de la austeridad que pregona, pero que no practica, la 4T.
Desde luego, no han faltado esos episodios que desgastan más que cualquier recorte; polémicas internas, señalamientos, cuestionamientos políticos y el inevitable deporte local de encontrar crisis en todos lados. Claro, si no la encuentran, habrá que crearla.
Zermeño quedó muchas veces atrapado en esa dinámica. Para algunos era un rector demasiado prudente; para otros, el académico excesivamente institucional; para unos más, el administrador obligado a apagar incendios que ni siquiera comenzaron en su gestión o en la propia universidad. El problema es que los rectores rara vez reciben reconocimiento por lo que evitan. Normalmente se les mide por las explosiones.
Y entonces aparece Medicina. La Facultad no sólo entrega un lugar destacado en el XLIX Examen Nacional para Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM); ofrece una óptica distinta. Recuerda que, debajo del ruido cotidiano, la universidad sigue produciendo resultados. Que mientras afuera avanzaban las discusiones sobre presupuesto, grillas, críticas y desgaste mediático, adentro seguían formando médicos capaces de competir a nivel nacional.
Hay algo casi irónico en ello. El rescate de imagen no vino de una estrategia de comunicación, ni de una campaña institucional, ni de una conferencia triunfalista. Llegó desde las aulas, los hospitales y los exámenes. Es decir, desde el sitio donde las universidades suelen ganar prestigio, aunque a veces la política universitaria lo olvide.
Tampoco conviene exagerar el efecto. Un logro académico no borra pendientes. La UASLP sigue teniendo desafíos enormes; financiamiento, expansión, modernización, relevo generacional y una discusión inevitable sobre hacia dónde quiere caminar en los próximos años, aunque, es evidente que el reconocimiento sí cambia el tono de la conversación.
Durante mucho tiempo, el rector apareció más asociado al desgaste que a los resultados. Hoy, Medicina lo recoloca en otro lugar: el de una administración que, aun con limitaciones y bajo presión constante, logró sostener una de las áreas más competitivas de la universidad y eso no es poca cosa.
En tiempos donde abundan las instituciones que presumen modernidad y luego celebran la medianía como si fuera hazaña, la Facultad de Medicina hizo algo mucho más trascendente; recordó que la excelencia todavía existe y, de paso, le regaló al rector una bocanada de oxígeno.
Cavilaciones:
Primera: Este fin de semana, el aspirante a candidato a gobernador por Morena, Gerardo Sánchez Zumaya, tiene un mitin en Rioverde. Felinos de aquellos lares informan que el presidente municipal, Arnulfo Urbiola, ya se puso a sus órdenes. Batallaron, pero se encontraron.
Segunda: Y ya que andamos por esos rumbos, un pajarito le dijo a este filósofo que algunos aspirantes a presidentes municipales desfilan por los tejados de Movimiento Ciudadano con el fin de ofrecer sus exclusivos servicios políticos. Sin excepción, le aseguran a Marco Gama, coordinador estatal, que son perfiles ganadores, pero que no confían en ser postulados por el Partido Verde. Dicen que Nachito Segura ya tiene bien identificados a los traidores.
Tercera: General Motors trae de regreso la fabricación del auto AVEO a México. Originalmente, este auto se fabricaba en la planta que tiene la armadora en Villa de Reyes, pero se lo llevaron a China. El vehículo es el más vendido en México y forma parte de la ampliación de la producción de la ensambladora norteamericana en nuestro país. Que sea para bien.
