Columnas

La identidad en la era digital

Los Therians

En los últimos meses, especialmente en plataformas como TikTok, el término therian ha ganado visibilidad. Videos de jóvenes usando máscaras de animales, moviéndose en cuatro puntos o hablando de su “identidad animal” han generado curiosidad, burlas y preocupación. Pero antes de emitir juicios apresurados, vale la pena analizar el fenómeno desde una perspectiva psicológica clara: distinguir entre expresión, identidad y patología.

Primero, la expresión. La expresión es la forma en que una persona manifiesta aspectos de sí misma hacia el exterior. Puede ser estética, conductual o simbólica. Usar una máscara de lobo, grabar videos imitando movimientos felinos o participar en comunidades online donde se comparte esta experiencia puede ser simplemente una forma de expresión creativa. La adolescencia (etapa donde muchos de estos casos se observan) es, por definición, un periodo de exploración. Probar distintas formas de mostrarse al mundo no es nuevo; lo novedoso es la visibilidad masiva que hoy permiten las redes sociales.

En segundo lugar, la identidad. La identidad es una vivencia interna, más profunda y estructural. Algunas personas que se describen como therians no hablan solo de actuar como un animal, sino de sentirse en algún nivel como tal. Desde la psicología, sabemos que la identidad es compleja y se construye en interacción con factores biológicos, psicológicos y sociales. Las comunidades digitales ofrecen hoy marcos narrativos para explicar experiencias internas que antes podían sentirse confusas o aisladas. Encontrar una etiqueta puede dar sentido, pertenencia y coherencia a vivencias subjetivas intensas. Eso no implica automáticamente enfermedad; implica una búsqueda de significado.

Finalmente, la patología. En salud mental, algo se considera trastorno cuando genera malestar clínicamente significativo, deterioro funcional o pérdida de contacto con la realidad. Sentir afinidad con un animal, identificarse simbólicamente con él o expresarlo en redes no constituye, por sí mismo, un diagnóstico. La clave está en el impacto: ¿la persona puede mantener relaciones, estudiar, trabajar? ¿Hay sufrimiento intenso o desconexión de la realidad consensuada? Si no hay deterioro ni angustia significativa, hablar de patología puede ser más un reflejo del desconcierto social que de un problema clínico real.

La confusión suele surgir porque tendemos a patologizar lo que se sale de la norma cultural. Sin embargo, la historia de la psicología muestra que muchas expresiones identitarias que en su momento fueron vistas como desviaciones, con el tiempo se entendieron como variaciones humanas dentro de la diversidad.

Esto no significa idealizar ni romantizar cualquier fenómeno. También es importante reconocer que algunas personas pueden estar atravesando dificultades emocionales (soledad, ansiedad, necesidad intensa de pertenencia) y encontrar en estas comunidades un refugio. Pero el refugio no es lo mismo que el síntoma. La pregunta clínica no es “¿es extraño?”, sino “¿hay sufrimiento y deterioro?”.

Reflexionar sobre los therians nos invita a algo más amplio: cuestionar nuestros criterios para definir lo “normal”. En una era digital donde las identidades se construyen, comparten y validan en comunidad, la línea entre expresión creativa e identidad profunda puede ser más visible, pero no necesariamente más patológica.

 

Estefanía López Paulín
Contacto: [email protected]
Número: 4881154435

 

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