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Elucubraciones: El país que no avanza

Por El Gato Filósofo

Lo que hoy ocurre con los transportistas y que amenaza con paralizar carreteras en todo el país viene arrastrándose desde hace años, pero tuvo un punto de quiebre reciente en 2025, cuando distintos sectores del autotransporte y del campo salieron a bloquear vialidades. Hubo caos, pérdidas económicas y, como ya es costumbre, mesas de diálogo que prometían soluciones. Meses después, el problema no solo sigue ahí; creció.

Las demandas no han cambiado, lo que deja en evidencia que tampoco han sido atendidas. Los transportistas denuncian inseguridad constante en carreteras federales, robos violentos, extorsiones y una ausencia evidente de autoridad. A eso se suman los costos de operación, con el diésel golpeando cada vez más fuerte, y un entorno donde trabajar se ha vuelto más riesgoso y menos rentable. Del lado del campo, el reclamo es igual de claro; abandono, falta de apoyos y condiciones desiguales frente a mercados cada vez más complicados.

Es decir, no estamos frente a un capricho, sino ante sectores productivos que sostienen buena parte de la economía y que, simplemente, dejaron de ser ignorados en silencio.

Aquí es donde entra el papel de las autoridades. Si algo explica el regreso de los bloqueos es la negligencia institucional. No por desconocimiento, sino por omisión. Las denuncias llevan tiempo sobre la mesa, los diagnósticos existen y las rutas de solución también, pero la respuesta ha sido la misma; administrar el conflicto, no resolverlo.

Así, el Gobierno de Claudia Sheinbaum ha optado por esperar a que exploten los problemas para atenderlos y reacciona cuando hay presión, no antes. Se negocia cuando las carreteras ya están cerradas, no cuando los problemas empiezan. De esta manera, el bloqueo se convierte en el único lenguaje que parece generar resultados, aunque sean temporales.

San Luis Potosí no es un daño colateral en esta historia. Es un punto neurálgico. Sus carreteras conectan el centro con el norte del país, sostienen cadenas industriales, particularmente la automotriz, y permiten el flujo de mercancías a gran escala. Si se bloquea aquí, no sólo se afecta a los potosinos, se interrumpe una parte importante de la economía nacional.

Las consecuencias ya son conocidas; pérdidas millonarias, retrasos en la industria, afectaciones al abasto y miles de personas atrapadas en medio de un conflicto que no provocaron. Y, aun así, el ciclo se repite. En lugar de atender el problema de fondo (la inseguridad en carreteras, la fragilidad del campo y los costos operativos), se opta por lo inmediato: contener, negociar, liberar y esperar al siguiente bloqueo.

En este punto, el asunto ya no puede quedarse en lo estatal. La dimensión del conflicto lo coloca directamente en la cancha federal, y particularmente en la responsabilidad de Rosa Icela Rodríguez Velázquez, quien debe operar la gobernabilidad interna del país. Ahí está el reto, dejar de administrar crisis y empezar a resolverlas.

Hoy, si la respuesta vuelve a ser la de siempre, las tradicionales mesas de diálogo, promesas y tiempo, lo único seguro es que los bloqueos regresarán. Tal vez en semanas, tal vez en meses, pero regresarán. Y entonces volveremos a la misma escena; carreteras cerradas, autoridades sorprendidas y un país que, literalmente, no puede avanzar.

Cavilaciones:

Primera: El balneario Dinoasis, ubicado en el parque Tangamanga I, inició operaciones el Sábado de Gloria con una superentrada. El gobernador Ricardo Gallardo lució muy relajado y contento con sus seguidores. Hubo un detalle que para nadie pasó desapercibido y fue la presencia del alcalde capitalino, Enrique Galindo, lo que habla de un buen entendimiento para trabajar enfocados en el crecimiento de San Luis Potosí. Gallardo tuvo una buena semana que incluyó su participación en la Procesión del Silencio. Al gobernador le gusta ser disruptivo y sabe que cada cosa que haga o diga abona a su causa. Se ganó estrellita, pues, el mandatario.

Segunda: En política, lo que parece es, y lo que ocurrió la semana pasada con la mini campaña que le regalaron al diputado federal Juan Carlos Valladares, lejos de perjudicarlo, le benefició. Valladares es amigo y compadre del piloto de Fórmula 1, Checo Pérez. Lo acompañó, junto con su esposa, Ximena Navarrete, al gran premio de Japón. Valladares suele acompañar a Checo a algunas de las competencias por diversos países. Lo hizo cuando era piloto de Red Bull y lo hace ahora que forma parte del Cadillac Team. Para los que lo conocen, no es novedad.  El diputado federal del Partido Verde salió, por primera vez, a encarar las críticas y la interpretación que se hizo de sus asistencias a la Cámara de Diputados. La mano que movió esa travesura no imaginó que el empresario potosino obtendría ganancias políticas del numerito ¡Ay, ternuritas! ¡Miau!

Tercera: Este felino expresa su más sentido pésame a la familia del expresidente municipal de Ciudad Valles, Juan José Ortíz. Carismático, dicharachero, le gustaba ir al restaurante La Güera de avenida Tatanacho. No hace mucho, este felino lo saludó y, como siempre, hubo promesas de tomar café para desmenuzar la grilla huasteca. Buen viaje, estimado amigo.

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