Tronarse el cuello es un hábito frecuente que muchas personas realizan para aliviar la tensión o el estrés acumulado durante el día; ese sonido de «crujido» o «pop» que se escucha se debe a la liberación de burbujas de gas (nitrógeno y dióxido de carbono) en el líquido sinovial que lubrica las articulaciones, pero ¿Es bueno o malo para el cuerpo humano?
Aunque la sensación inmediata suele ser de alivio debido a la liberación de endorfinas en la zona, los especialistas advierten que este placer momentáneo puede ocultar problemas subyacentes si se convierte en una práctica compulsiva o se realiza de forma brusca.

De acuerdo con investigaciones publicadas por instituciones como la Clínica Mayo y diversos organismos de salud ortopédica, tronarse el cuello uno mismo de manera violenta conlleva riesgos significativos. El cuello alberga estructuras vitales, incluyendo arterias que suministran sangre al cerebro y una compleja red de nervios.
Una manipulación incorrecta o excesiva puede provocar el estiramiento de los ligamentos, lo que genera inestabilidad articular a largo plazo, o incluso daños más graves como el pinzamiento de nervios y, en casos extremos aunque poco comunes, lesiones en las arterias vertebrales que podrían derivar en un accidente cerebrovascular.

Si bien un crujido ocasional y natural durante el movimiento no suele ser motivo de alarma, la necesidad constante de «hacerse tronar» el cuello indica que existe una contractura o desalineación que debe ser atendida.