Investigaciones del Grupo Universitario del Agua de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), revelaron un deterioro alarmante en la calidad del agua subterránea en San Luis Potosí, al detectar no solo concentraciones peligrosas de flúor y arsénico, sino también una presencia creciente de uranio, lo que agrava los riesgos para la salud de todos los potosinos que tienen contacto con el vital líquido contaminado.
Especialistas de la universidad advirtieron que esta combinación de metales pesados está asociada a afectaciones renales y a una disminución en el coeficiente intelectual de niños, incluso desde la etapa de gestación. El problema, señalaron, trasciende el ámbito de salud inmediato y se posiciona como un factor que podría impactar el desarrollo educativo y laboral de las futuras generaciones.
Los estudios también evidencian que el acuífero profundo ha perdido su capacidad de protección natural. Al menos el 13 por ciento de los pozos monitoreados presentan infiltración de contaminantes externos como nitratos provenientes de actividades agrícolas, bacterias fecales asociadas a descargas de aguas residuales y microplásticos derivados de la quema de basura. Estas sustancias logran filtrarse a través de fracturas en el subsuelo y de pozos antiguos, afectando la calidad del agua incluso a más de 100 metros de profundidad.
Ante este panorama, la comunidad académica urgió a que la calidad del agua se coloque como una prioridad en la agenda pública, por encima de proyectos de infraestructura. Entre las soluciones planteadas destacan la instalación de sistemas de ósmosis inversa a gran escala y la implementación de monitoreos constantes en plantas purificadoras y empresas de distribución.
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