La posible implementación del fracking en la Huasteca Potosina ha encendido nuevamente la alarma entre comunidades y sectores sociales, que advierten que este proyecto equivale a una “declaración de guerra” contra los pueblos indígenas de la región.
El posicionamiento, difundido por Rogel del Rosal Valladares, señala que el Plan Estratégico de Pemex 2025–2035 contempla la intervención en al menos 367 comunidades indígenas tének y náhuatl distribuidas en 17 municipios, lo que ha generado preocupación por el impacto ambiental, social y económico que podría derivarse de esta actividad.
Uno de los principales cuestionamientos es la falta de consulta previa, libre e informada a las comunidades, un derecho establecido en la legislación nacional e internacional, que —según se acusa— no fue respetado en la elaboración de este plan, pese a que la población indígena representa cerca del 70 por ciento de los más de 735 mil habitantes de la Huasteca Potosina.
El antecedente más reciente se remonta al periodo 2014–2018, cuando comunidades de la región se organizaron para frenar la licitación de bloques petroleros durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, lo que derivó en una fuerte resistencia social que aún permanece en la memoria colectiva.
Entre los principales riesgos que advierten está la posible contaminación de ríos, manantiales y lagunas, fuentes esenciales de agua para consumo humano y actividades productivas. También alertan sobre afectaciones al turismo, una de las principales fuentes de ingreso en la región, así como el deterioro en la calidad del aire y del suelo, con impactos directos en la salud de la población.
El documento también cuestiona que la llamada soberanía energética se busque a costa del sacrificio de territorios indígenas y ecosistemas, y plantea la necesidad de que el Gobierno Federal reoriente su estrategia hacia un modelo de desarrollo sustentable y de transición energética.
Finalmente, se advierte que, de avanzar el proyecto sin consenso social, podría generarse un nuevo escenario de conflicto en la Huasteca, con una posible resistencia organizada por parte de comunidades y diversos sectores de la población.
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