
En San Luis Potosí, tenemos una extraña habilidad para convertir los problemas públicos en ciclos interminables de anuncios, conferencias, fotografías y promesas recicladas. La Presa de San José parece haberse convertido, otra vez, en el escenario perfecto para ello.
Ahora resulta que la delegación estatal de la Comisión Nacional del Agua, encabezada por Darío Fernando González Castillo, impulsará un ambicioso proyecto para retirar el lirio acuático que, desde hace años, devora el embalse más emblemático de la capital potosina.
El anuncio suena espectacular; saneamiento integral, rehabilitación hidráulica, rescate ambiental, recursos federales, recursos estatales, obras emergentes, tecnología, coordinación institucional. Todo envuelto en ese lenguaje burocrático que suele sonar más eficiente en las ruedas de prensa y en las declaraciones mediáticas que en la realidad, porque si algo tiene la Presa de San José, además de lirio, es memoria.
Esa memoria, justamente, obliga a recordar el episodio protagonizado por Xavier Nava Palacios, cuando desde el Ayuntamiento capitalino se anunció, con idéntico entusiasmo, una intervención millonaria para retirar el lirio y rescatar la presa. También hubo maquinaria, declaraciones triunfalistas y promesas de solución definitiva. El resultado; el lirio no se fue, siguió más fuerte, más extendido, más insultante.
La presa siguió igual o peor y, como suele ocurrir en este país, nadie explicó con claridad qué pasó con el dinero invertido, cuáles fueron los resultados técnicos reales o por qué el supuesto rescate terminó convertido en un recuerdo administrativo bastante conveniente para todos.
En los cafés políticos de San Luis todavía se escucha la misma frase: “se quedaron con el dinero”. Tal vez sea injusto afirmarlo categóricamente sin una investigación formal de por medio, pero también es cierto que la opacidad terminó alimentando exactamente esa percepción pública. Ahora, la historia parece intentar repetirse.
Uno de los principales promotores políticos del nuevo proyecto es el diputado local de Morena, Cuauhtli Fernando Badillo Moreno, quien prácticamente se ha convertido en el vocero informal de la iniciativa. El legislador presume gestiones ante la Federación, anuncia inversiones importantes y adelanta que los recursos serán aportados tanto por la Federación como por el Estado. Hasta ahí, todo parecería razonable.
El problema comienza cuando otras instituciones involucradas parecen enterarse del proyecto por las noticias, pues, por ejemplo, la Comisión Estatal del Agua dice desconocer detalles técnicos de la intervención. El Ayuntamiento capitalino tampoco tiene claridad sobre los alcances, procedimientos o ejecución. Y entonces todos nos preguntamos cómo es que existe un proyecto “integral” de rescate hidráulico si las autoridades responsables del agua y del municipio no saben exactamente qué se hará. Eso no genera confianza. Genera sospechas.
Limpiar el lirio no es sacar maleza con una retroexcavadora y posar para la fotografía. El lirio es apenas el síntoma visible de un problema muchísimo más profundo; contaminación histórica, sedimentación, descargas residuales, abandono de infraestructura y una crisis hídrica que lleva décadas incubándose. Retirar la vegetación sin atacar las causas claramente no será una solución real, pero, además, existe otro detalle que muchos están pasando por alto y que tiene que ver con el hecho de que los tiempos políticos nunca coinciden con los tiempos ambientales y que, como es bien sabido, el lirio tarda años en expandirse, pero los funcionarios quieren resultados en semanas.
No sorprende que abunden las soluciones espectaculares, rápidas y mediáticas, pues en este contexto lo importante no es necesariamente resolver el problema, sino anunciar que alguien “ya está haciendo algo”. Así, Darío Fernando, el abogado que podrá tener mucha experiencia en materia penal, administrativa y laboral, está demostrando que no tiene ni la menor idea de cómo se atiende un tema relacionado con la gestión del agua o de impactos ambientales.
Poco a poco, el proyecto empieza a oler peligrosamente a un nuevo capítulo del viejo manual mexicano de obra pública: primero, el choro heroico, después, el presupuesto extraordinario, luego, la maquinaria, más tarde las fotografías y, finalmente, el silencio administrativo cuando las cosas no funcionan.
Mientras tanto, la Presa de San José seguirá ahí, cubierta de verde, convertida en metáfora perfecta de nuestra política hidráulica; una superficie adornada de anuncios que ocultan años de abandono. Ojalá que esta vez sea distinto.
En fin. En San Luis Potosí ya aprendimos que cuando demasiados políticos presumen una obra antes de explicar cómo funcionará realmente, lo prudente no es entusiasmarse. Tomémoslo con reservas.
Cavilaciones:
Primera: El exdirigente del PRI y excandidato a gobernador por el PRD, Fernando Pérez Espinosa, “Calolo”, es el más entusiasta impulsor del presidente municipal capitalino, Enrique Galindo Ceballos. Dicen que no busca cargo alguno en el 2027, pero que quiere saborear de nuevo las delicias del poder ¡Miau!
Segunda: Fuertes, muy fuertes, las declaraciones de la abogada Romana Arriaga respecto de lo que se vive en el fraccionamiento Club de Golf La Loma. De filiación morenista, la también empresaria protagoniza una cruenta pelea legal con su expareja en un escándalo de espionaje del que formó parte y no denunció hasta que las autoridades reventaron su residencia. En este asunto hay un mar de fondo.
Tercera: Según autoridades, en San Luis Potosí la mayor cantidad de personas desaparecidas ocurrió entre 2010 y 2020. Los periodos de dos gobernadores priístas; Fernando Toranzo Fernández, abierto y descarado aliado del Cártel de los Zetas. El escándalo mayúsculo en el Toranzato se dio con la creación de empresas fachadas que se hicieron en Estados Unidos para lavar dinero del Cártel de Sinaloa con una mezcla de recursos de pensiones del Estado, Hubo denuncias; el entonces director huyó a España. El asunto parece dormir en algún archivo muerto. Con Juan Manuel Carreras el descaro fue más allá. El mayor cleptócrata del Potosí no tenía empacho en mandar cobrar sus cuotas a los malosos. Son de antología las versiones que aseguran que recibía en el mismísimo Palacio de Gobierno las maletas con el dinero, producto del grupo delictivo que dominó la entidad durante su mandato. Si los gringos van en serio, este felino les deja este norte.
Maullido: Luego de que el diputado Héctor Serrano propusiera poner exámenes de control y confianza a todos aquellos que aspiren a ser candidatos para garantizar su probidad, ahora resulta que todos los partidos, piensan lo mismo. El PAN ya trae su intención y Morena va por el mismo rumbo. Qué bueno que hay acuerdo. Habrá que ver cómo se aplica. Por lo pronto, el debate está por comenzar en el Legislativo.