
Del 2012 al 2015 fui el primer y más joven presidente de Morena en San Luis Potosí con 23 años. Decidí no ser candidato porque no es ético usar los recursos del partido para autopromoverse. Quien dirige el partido no puede ser juez y parte; debe concentrarse en organizar el partido y no perder el tiempo en campaña y repartiendo candidaturas previo a los procesos y tiempos de nuestro partido; esas fueron las palabras del diputado federal Gabino Morales Mendoza que desataron la ira de la presidenta estatal de Morena, Rita Ozalia Rodríguez Velázquez, quien no dudó en responder, pero no directamente, sino a través de sus esbirros.
La escena, que podría parecer un simple intercambio de reproches dentro de un partido político, en realidad retrata algo más profundo; la crisis interna que vive Morena. Un movimiento que nació con la promesa de ser distinto, de romper con los vicios de los partidos tradicionales, hoy se encuentra atrapado en una dinámica que recuerda demasiado a aquello que juró combatir.
En San Luis Potosí, el problema tiene nombre, rostro y estilo. La dirigencia estatal ha convertido al partido en un escenario donde el protagonismo personal parece más importante que la construcción de estructura política. Las críticas hacia la gestión de Rita Ozalia Rodríguez Velázquez ya no provienen únicamente de la oposición, lo cual sería natural, sino del propio morenismo, de militantes que ven con preocupación cómo el partido se utiliza como plataforma de promoción individual sin que exista, a cambio, una operación política eficaz ni resultados tangibles para el movimiento. Lejos de eso, la señora presidenta parece intentar cumplir una especie de sueño frustrado de ser influencer de maquillaje o modelo de marcas como Dior, mismas que presume en sus redes sociales sin recato alguno. Bendita austeridad.
No es casual que las inconformidades crezcan. Cuando un partido gobierna o aspira a gobernar, la disciplina interna suele sostenerse con resultados. Cuando éstos no aparecen, lo único que queda es el ruido. Y Morena, al menos en San Luis Potosí, comienza a sonar más a disputa de tribus que a proyecto político.
A ello se suma un fenómeno que el propio movimiento había advertido desde su origen: la llegada masiva de advenedizos. Personajes que durante años militaron en otros partidos, muchos de ellos representantes del viejo régimen que Morena prometió erradicar, hoy ocupan espacios, reparten posiciones y hablan en nombre de la transformación con una convicción que resulta tan repentina como conveniente.
El resultado es un partido fragmentado. Las corrientes internas se multiplican, los grupos se disputan candidaturas con una anticipación que contradice el discurso oficial y la militancia observa cómo la lucha por el poder interno se vuelve cada vez menos disimulada.
El problema, conviene aclarar, no es exclusivo de San Luis Potosí. A nivel nacional, Morena también vive una etapa compleja. Durante años, las tensiones internas se mantuvieron contenidas por una figura que funcionaba como árbitro, líder moral y jefe político: Andrés Manuel López Obrador. Con él en el centro del tablero, las diferencias podían estallar, pero siempre terminaban alineándose. Sin su presencia directa, el movimiento parece descubrir algo que en la política mexicana es casi una ley natural; cuando falta el liderazgo unificador, los pleitos se multiplican.
Tan delicado es el momento que en los pasillos del propio morenismo comienzan a circular versiones sobre posibles ajustes en la dirigencia nacional. Cada vez son más insistentes los rumores que apuntan a que Luisa María Alcalde Luján podría dejar la presidencia del partido, y que en su lugar podría llegar Citlalli Hernández Mora. El cambio sería un intento de recomponer un barco que está a nada de hundirse.
En ese contexto, las disputas locales adquieren una dimensión distinta. Lo que ocurre en San Luis Potosí no es una anomalía; sino un síntoma. El síntoma de un partido que creció demasiado rápido, que absorbió a demasiados actores con trayectorias e intereses dispares y que ahora intenta convivir con sus propias contradicciones.
Morena sigue siendo, por ahora, la fuerza política dominante del país, pero la historia política mexicana demuestra que el poder no suele perderse únicamente por la fuerza de los adversarios, sino por el desgaste interno. Y el hecho de que los propios militantes cuestionen a sus dirigencias por usar el partido como trampolín personal, por privilegiar la autopromoción sobre la organización o por repartir candidaturas antes de tiempo, quizá lo que está en juego no es sólo una dirigencia estatal.
Tal vez lo que comienza a discutirse es algo más profundo: qué queda del movimiento que prometía ser diferente y, sobre todo, cuánto tiempo puede sostenerse una transformación cuando sus protagonistas empiezan a parecerse demasiado a aquello que prometieron combatir.
Cavilaciones:
Primera: Ayer, los diputados aprobaron la Ley Desconexión. Los trabajadores no están obligados a contestar correos electrónicos o mensajes fuera de su horario laboral. La intención es que los empleados tengan mejor calidad de vida. La reforma a la ley laboral fue aprobada por 447 votos a favor. A ver si los señores diputados no nos quieren cobrar horas extras ahora que andan tan trabajadores.
Segunda: Durante el evento de entrega de reconocimientos con motivo del 8M, se organizó un conversatorio con sillas vacías. Las mujeres que asistieron al evento organizado por Gloria Serrato, encargada del despacho de la Secretaría de la Mujer en el Gobierno del Estado, se fueron apenas concluyó el discurso del gobernador Ricardo Gallardo. Las participantes en el conversatorio estaban que ardían de coraje. Diría mi feliabuela: ¡Parecen nuevas!
Tercera.- Grupo Acerero invierte este año más de 600 millones de dólares en la expansión de su industria. Generará unos mil empleos directos y unos cinco mil indirectos. Bien por el grupo de empresarios que le apuestan y le meten al crecimiento de San Luis Potosí. Palomita para Jacobo Payan Espinosa y Humberto Abaroa. Aceros San Luis, de la mano de Juan Carlos y Miguel Valladares García, también traen participación importante en el sector y se espera que el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, venga en breve a dar el banderazo a los trabajos ¡Ese apoyo sí se ve! ¡Miau!