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Elucubraciones: Una emboscada en la UASLP

Por El Gato Filósofo

Tras haber hecho historia y convertirse en la primera mujer electa para dirigir la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), en un proceso marcado por uno de los episodios más vergonzosos y turbulentos en la historia reciente de la institución, Georgina González Cázares no ha tenido tregua. Lejos de apaciguarse, las disputas internas se han recrudecido y hoy, justo en la antesala de la toma de protesta y la conformación del equipo que encabezará la nueva etapa de la Facultad, los jaloneos y las presiones parecen haber alcanzado su punto más álgido.

Lo que debía ser el cierre administrativo de una etapa convulsa se convirtió, otra vez, en un episodio incómodo para una institución que presume autonomía, legalidad y diálogo. Y no lo digo a la ligera. Fuentes de mucha confianza de esas que no hablan por hablar, me contaron que en días pasados se celebró una reunión entre la directora electa, Georgina González Cázares, y gente de Rectoría. El objetivo, en teoría, era sencillo: afinar los últimos detalles antes de la toma de protesta. En la práctica, aquello terminó siendo un campo de guerra.

De súbito y como si se tratara de una emboscada, le informaron a Georgina que debía incluir a ciertos perfiles en su equipo de trabajo. Ella, hay que decirlo, lo tomó con madurez política. Consideró positivo que integrantes de otros grupos se sumaran a la causa; habló de integración, de pluralidad, de tender puentes. Incluso sugirió espacios y encomiendas específicas en las que esas personas podrían aportar sin fracturar el proyecto académico que ella encabeza.

La buena voluntad, sin embargo, duró poco. De golpe, le soltaron que no estarían como satélites en cargos menores, sino que querían posiciones estratégicas dentro de la Facultad. Es decir, no venían a sumar, venían a mandar. O, cuando menos, a condicionar.

El punto de mayor tensión llegó cuando le informaron (no le preguntaron, le informaron) que el cargo de secretario de la Facultad ya estaba “amarrado” para alguien del grupo conocido como Los Urendos, encabezado por la abogada general de la UASLP, Urenda Navarro. Y, en un gesto que pretendía venderse como cortesía, le ofrecieron a Georgina elegir entre dos nombres: Olivia Salazar o Vladimir Ibáñez.

La primera, actual titular de la Defensoría de los Derechos Universitarios, una figura ya señalada por omisiones, negligencias y una actuación, por decir lo menos, tendenciosa durante el conflicto que sacudió a Derecho. El segundo, vinculado con Edgar Durón, el docente que acusó discriminación y llevó la impugnación del proceso hasta sus últimas consecuencias. Vaya menú.

Georgina fue clara. Firme. Dijo que no. Que no entregaría espacios clave a personas que ya demostraron tener intereses personales y no un compromiso genuino con la Universidad. Que ella se debía a los más de cien catedráticos que le dieron su respaldo en el proceso y que, de entre ellos, elegiría a su secretario. Nada más democrático. Nada más lógico.

La respuesta, cuentan, no fue bien recibida por el rector Alejandro Zermeño, quien mostró una cara desconocida para muchos. Una cara poco acostumbrada a que le digan que no. Una reacción que dejó claro que el problema no era el cargo, sino el control.

La discusión no terminó bien. Georgina salió de esa oficina sin un acuerdo y, lo más delicado, sin el respaldo institucional que debería acompañar a quien está a punto de asumir una dirección en una universidad pública.

Hoy, el rumor, ese que casi siempre tiene algo de verdad, dice que Los Urendos preparan protestas, manifestaciones y toda clase de pataletas para arruinar la toma de protesta de Georgina. Hay quienes ven en esta actitud un intento claro por desestabilizar el inicio de su gestión. Otros van más lejos y aseguran que, sin buscarlo, Georgina se ha convertido en una rival incómoda para Urenda Navarro en el camino rumbo a la rectoría en 2028.

Quizá por eso el nerviosismo. Quizá por eso la prisa por colocar fichas antes de tiempo. Porque nada inquieta más al viejo orden universitario que una mujer que llegó sin deber favores y que, además, se atreve a ejercer la autoridad que legítimamente ganó en las urnas del Consejo.

La toma de protesta de la primera mujer directora de la Facultad de Derecho debería ser un momento de orgullo para la UASLP. Lamentablemente, todo indica que algunos prefieren convertirla en otra escena de desgaste. Y luego se preguntan por qué la Universidad vive en crisis permanente.

Cavilaciones:

Primera: El problema del gusano barrenador del ganado crece peligrosamente en la Zona Huasteca sin que el Gobierno Federal atienda con puntualidad. Ayer, el hermano de Rosa Icela, la secretaria de Gobernación, Jesús Rodríguez Velazquez, jefe con alto rango en la SADER, convocó a una reunión para decir que los servidores de la nación atenderán el problema cuando lo que se requiere son veterinarios, medicamentos y moscas estériles. Estamos perdidos. Prepárense para el Gusano Barrenador del Bienestar.

Segunda: Ayer, este felino reportó un caso fraude a un contribuyente que pagó a tiempo su impuesto predial y a quien, al día siguiente, le hicieron un cargo por el descuento que aplica el Ayuntamiento de la capital durante el mes de enero. El asunto se aclaró horas después. El alcalde Enrique Galindo se aplicó de inmediato y aprovechó para recordarle a su equipo de trabajo que se vayan derechitos. Estrellita, pues, al alcalde por ponerse al tiro.

Tercera: En el escándalo que provocó el asalto con violencia que sufrió un equipo del área de Comunicación de la presidenta Claudia Sheinbaum en la carretera 57, tramo San Luis-Matehuala, a la altura del km 67, fue finalmente la SEDENA quien se encargó de operar, recuperar los equipos que le fueron robados a los funcionarios y poner a disposición de la Fiscalía General de la República la evidencia. Los de la Guardia Nacional se sordearon, porque, según versiones, tienen arreglos como dos sujetos conocidos como El Visa y El Xolo, jefes de una banda que delinque a lo largo de unos 50 kilómetros de carretera sobre los municipios de Guadalcázar y Villa Hidalgo. La Guardia Nacional está convertida en la pesadilla de la 57 ¡Miau!

 

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