México vuelve a mirar de frente a un enemigo que parecía superado. El sarampión, una enfermedad que durante años se mantuvo bajo control gracias a políticas públicas claras y campañas de vacunación eficaces, hoy reaparece con fuerza y deja al descubierto una realidad incómoda: el país no estaba preparado para enfrentar su regreso.
Desde el año pasado, el brote de sarampión ha provocado complicaciones serias en distintas entidades. Y San Luis Potosí no es la excepción. En lo que va de 2026 ya se han confirmado tres casos, una cifra que, aunque puede parecer menor, es una señal de alerta temprana. Es la antesala de una crisis mayor si no se actúa con rapidez, coordinación y responsabilidad.
El problema de fondo no es el virus, sino el terreno fértil que se le ha preparado. El sistema de salud, desmantelado durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador y hoy prácticamente sepultado en la nueva etapa encabezada por Claudia Sheinbaum, carece de control real sobre lo indispensable; programas de prevención, cartillas de vacunación actualizadas, identificación de población vulnerable y capacidad operativa para responder a emergencias sanitarias. Sin orden, no hay estrategia. Sin estrategia, no hay contención.
La gravedad del sarampión suele subestimarse. No debería. De acuerdo con fuentes del propio sector salud, se trata de un virus mucho más contagioso que el covid-19. Una sola persona infectada puede transmitirlo a 15 o 16 más. Peor aún, el virus puede permanecer activo hasta dos horas en un espacio cerrado después de que el enfermo se ha retirado. Con un sistema debilitado, la propagación es cuestión de tiempo.
En San Luis Potosí el panorama es todavía más preocupante. Nadie parece asumir la responsabilidad de poner orden. Las autoridades sanitarias locales se pierden entre declaraciones ambiguas y silencios prolongados. Desde la Presidencia se afirma que hay vacunas suficientes para todos; la realidad, en centros de salud y clínicas, cuenta otra historia muy distinta.
La simulación también quedó en evidencia en el Congreso del Estado. En una escena más cercana a la confrontación personal que al debate serio, los integrantes de la Comisión de Salud protagonizaron un enfrentamiento que rozó el absurdo. Desde el PRI, la diputada Frinné Azuara exigió que el IMSS-Bienestar atienda el cochinero que arrastra y garantice el abasto de medicamentos. Del otro lado, Morena, en voz de Carlos Arreola, respondió con agresividad y triunfalismo, presumiendo un orden que nadie fuera de su discurso logra ver. Argumentos, pocos. Soluciones, ninguna.
Mientras las instituciones se culpan unas a otras, el virus avanza. Y como suele ocurrir, quienes pagan el precio no son los funcionarios ni los legisladores que se enredan en pleitos estériles, sino la ciudadanía. Familias que no encuentran vacunas, pacientes que llegan tarde a un diagnóstico, comunidades enteras expuestas a un brote que pudo y debió prevenirse.
El sarampión no distingue colores partidistas ni discursos oficiales. Solo exhibe, con crudeza, el costo de la improvisación y la negligencia. Y ese costo, hoy, lo está pagando la gente.
Cavilaciones:
Primera: Un buen relajo se armó en redes sociales luego de que el gobernador Ricardo Gallardo dijo que el patronato que maneja la Arena Potosí (o el de la FENAPO, sabe) haría contacto con los representantes del grupo surcoreano BTS. Los artistas son todo un fenómeno en redes sociales y vendrán a México en unos meses. Traerlos a San Luis Potosí es difícil, pero no imposible. Este felino no le entiende ni mauser a esas canciones, pero le encanta el relajo.
Segunda: Amiguitos de este filósofo aseguran que el alcalde capitalino, Enrique Galindo, no se duerme en sus laureles y que trae tres gallos para buscar la alcaldía capitalina por el PAN: Marcelo de los Santos Anaya, el presidente de CMIC, Leopoldo Stevens, y la presidenta del DIF, Estela Arriaga. Los otros panistas que buscan esa silla para el 2027 son David Azuara y Rubén Guajardo.
Tercera: Una labor extraordinaria la que hace el equipo que restaura la fachada del Templo del Carmen en la capital del potosí. El templo se construyó en el siglo XVII y es uno de los más hermosos del mundo. Tiene la categoría de monumento histórico y su estilo churrigueresco es impactante. Mis amiguitos de Código San Luis hicieron un recorrido por los trabajos. Les va a impactar. Cuando quede, les pasamos el link ¡Miau!