
Hay una escena que se repite con demasiada frecuencia en las carreteras de San Luis Potosí, particularmente en la siempre conflictiva carretera federal 57: un autobús de paisanos que regresa a Estados Unidos, un retén de la Guardia Nacional, una detención de rutina que se prolonga durante horas y un grupo de pasajeros que pasa, en cuestión de minutos, de sentirse protegidos por el Estado a convertirse en sus víctimas.
El caso reciente ocurrido en las inmediaciones de Matehuala y no se trata de una excepción ni un malentendido operativo. Es, más bien, el nuevo capítulo de una historia que ya huele a costumbre. Porque cuando los hechos se repiten, cuando los testimonios coinciden y cuando las denuncias se acumulan sin consecuencias, el problema deja de ser anecdótico y se vuelve estructural.
La Guardia Nacional, concebida como una fuerza para recuperar la confianza ciudadana, ha logrado exactamente lo contrario. Hoy, para muchos potosinos y, sobre todo, para los paisanos que cruzan el estado en autobuses, su presencia ya no inspira tranquilidad, sino alerta. No son pocos los señalamientos que la colocan como victimaria, responsable de retenciones indebidas, extorsiones descaradas y actos que, en cualquier otro contexto, se tipificarían sin rodeos como delitos.
La carretera 57 parece haberse convertido en su zona predilecta. Ahí, donde el tránsito de migrantes es constante y donde la vulnerabilidad viaja pagando un boleto muy caro, abundan las denuncias: hasta 40 dólares por pasajero a cambio de no revisar equipajes. Una tarifa casi oficial, según relatan quienes han vivido la experiencia. Y lo más curioso o perverso es que cuando alguien se niega o sale sorteado para la inspección, milagrosamente aparecen drogas u objetos prohibidos. Una coincidencia tan recurrente que ya no sorprende, sino que indigna.
Lo verdaderamente grave no es sólo el abuso, sino el silencio institucional. Nadie investiga, nadie sanciona, nadie explica. A pesar de que estos casos se repiten, de que los testimonios se multiplican y de que la ruta es conocida por propios y extraños, no hay autoridad que tome cartas en el asunto. Como si el uniforme otorgara patente de corso o como si la palabra del ciudadano, por definición, valiera menos.
Mientras tanto, los paisanos, esos mismos a los que se les llama héroes en discursos oficiales o a los que mantienen comunidades enteras con el envío de remesas, siguen siendo tratados como botín de carretera. Regresan a su trabajo en Estados Unidos con menos dinero, más miedo y la amarga certeza de que, en su propio país, la mayor amenaza no siempre es el crimen organizado, sino quien dice combatirlo.
Tal vez ya es momento de que alguien revise quién cuida a quién en las carreteras potosinas porque es claro que, cuando la fuerza encargada de garantizar la seguridad se convierte en el riesgo, el problema no es de percepción, es de Estado.
Cavilaciones:
Primera: A partir de hoy, es delito comprar y utilizar vapeadores en nuestro país. Si usted es de los que fuma cigarros electrónicos o usa esos artefactos, vaya haciendo un cochinito para pagar multas o extorsiones de las autoridades encargadas de impedir que consuma esas sustancias del demonio ¡Buena suerte!
Segunda: El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, estuvo en San Luis Potosí con motivo del 103 aniversario de la autonomía de la UASLP. El doctor se paseó entre la gente, se dejó tomar fotos con medio mundo y demostró que tiene una extraordinaria relación con el rector potosino, Alejandro Zermeño. La conferencia magistral de Lomelí y los conversatorios posteriores fueron de bastante buen nivel, no se diga el de los invitados de la Auditoría Superior de la Federación. Lástima que no hubiera diputados para escuchar, bueno, de todos modos, aunque oigan, como decía la abuela de este felino: Por un lado les entra y por otro les sale ¡Miau!
Tercera: La peligrosa propagación del gusano barrenador del ganado en la Zona Huasteca tiene en vilo a los empresarios, ganaderos y trabajadores del sector ganadero, el cual, sostiene gran parte de la economía de esa región del Potosí ¡Dios nos agarre confesados!