Columnas

Después del 14 de febrero

Las reflexiones que llegan con la festividad

Cuando pasa el 14 de febrero y las vitrinas vuelven a la normalidad, algo más queda flotando en el aire. No son los globos ni los chocolates, sino una serie de preguntas silenciosas que muchas personas evitan formular en voz alta. Preguntas que aparecen en la intimidad: ¿estoy con la persona adecuada?, ¿por qué siempre termino eligiendo a alguien que me hace daño?, ¿por qué no logro sostener una relación estable? o incluso ¿por qué esta fecha me pesa tanto?

Estas interrogantes no surgen porque el amor “falle”, sino porque las fechas simbólicas funcionan como espejos. El 14 de febrero amplifica expectativas, comparaciones y narrativas sociales sobre cómo “debería” verse una relación. Al desaparecer el ruido externo, queda el eco de nuestra experiencia emocional real, y con él, la oportunidad (a veces incómoda) de mirarnos con más honestidad.

Es común que las preguntas se orienten primero hacia lo negativo. Tendemos a interrogarnos desde la culpa o la carencia: algo debe estar mal conmigo, siempre repito el mismo patrón, a los demás les funciona y a mí no. Sin embargo, estas formulaciones suelen ser más un reflejo del autojuicio que de la realidad. En terapia, muchas veces descubrimos que repetir vínculos dolorosos no habla de debilidad, sino de aprendizajes tempranos, de modelos afectivos conocidos o de necesidades emocionales que buscan ser vistas, aunque el camino elegido no siempre sea el más sano.

La clave no está en censurar estas preguntas, sino en reformularlas. En lugar de ¿por qué siempre elijo mal?, podríamos preguntarnos ¿qué parte de mí se siente atraída por este tipo de vínculo? o ¿qué necesidad intento cubrir? Estas versiones abren espacio a la comprensión y no al castigo. Nos permiten pasar del “algo está mal conmigo” al “hay algo de mí que necesita atención”.

Pero no todo cuestionamiento posterior al 14 de febrero nace del dolor. También aparecen preguntas luminosas, aunque a veces menos ruidosas: ¿qué tipo de relación quiero construir?, ¿qué aprendí de mis vínculos pasados?, ¿qué sí ha funcionado?, ¿qué necesito hoy para sentirme en calma con mi forma de amar? Estas interrogantes son señales de crecimiento emocional. Hablan de una persona que ya no solo busca compañía, sino coherencia, bienestar y autenticidad.

Gestionar este momento implica darnos permiso para sentir sin apresurarnos a resolverlo todo. No es necesario tener respuestas inmediatas ni decisiones radicales el 15 de febrero. A veces, el mayor acto de cuidado psicológico es observarnos con curiosidad, registrar patrones, validar emociones y aceptar que el amor (como nosotros) está en constante proceso.

Después del 14 de febrero no queda un vacío; queda un espacio. Un espacio fértil para preguntarnos quiénes somos cuando amamos, qué merecemos y cómo podemos construir vínculos más conscientes. Y aunque algunas respuestas incomoden, muchas otras pueden convertirse en el inicio de una relación más honesta con los demás… y con nosotros mismos.

Estefanía López Paulín
Contacto: [email protected]
Número: 4881154435

 

Botón volver arriba