Los huracanes son uno de los fenómenos naturales más poderosos del planeta. Aunque su fuerza puede causar graves daños, su formación responde a procesos atmosféricos bien definidos que la ciencia ha estudiado durante décadas.
De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional y la National Oceanic and Atmospheric Administration, un huracán comienza como una zona de baja presión sobre aguas cálidas del océano, generalmente cuando la temperatura superficial supera los 26 grados Celsius.
El calor del mar es el combustible principal. Cuando el agua caliente se evapora, el aire húmedo asciende y, al enfriarse en capas altas de la atmósfera, forma nubes y libera energía en forma de calor. Este proceso alimenta la tormenta y fortalece la circulación de vientos alrededor del centro de baja presión.
Para que el sistema evolucione a huracán, deben cumplirse otras condiciones: poca cizalladura del viento (es decir, que los vientos no cambien bruscamente de dirección o velocidad en altura), suficiente humedad en la atmósfera y una distancia adecuada del ecuador que permita la rotación por efecto de la fuerza de Coriolis.
El fenómeno pasa por distintas etapas. Primero se forma una perturbación tropical, luego puede convertirse en depresión tropical, después en tormenta tropical y, si los vientos sostenidos superan los 119 kilómetros por hora, se clasifica oficialmente como huracán.
En el Atlántico y el Pacífico oriental, la temporada de huracanes ocurre principalmente entre junio y noviembre. En los últimos años, especialistas han advertido que el aumento de la temperatura del océano puede favorecer una mayor intensidad en algunos ciclones, aunque la frecuencia total puede variar de una temporada a otra.
Comprender cómo se forman los huracanes no solo es clave para la investigación científica, sino también para la prevención. Los sistemas de monitoreo satelital y los modelos meteorológicos permiten emitir alertas tempranas que ayudan a reducir riesgos en comunidades costeras.
La formación de un huracán es un proceso natural complejo, impulsado por el calor del océano y las dinámicas atmosféricas. Conocerlo permite entender mejor por qué surgen y cómo prepararse ante su posible impacto.