En el marco del Día de las Madres, especialistas y promotores culturales destacaron el profundo simbolismo de Coatlicue, una de las esculturas más emblemáticas del mundo mexica y símbolo de la maternidad, la creación y la regeneración de la vida.
El nombre de la deidad significa “La de la falda de serpientes” y representa para la cultura mexica la fuerza creadora de la tierra y el origen de los dioses. La monumental escultura fue hallada el 13 de agosto de 1790 en la Ciudad de México y corresponde al periodo Posclásico Tardío (1250-1521).
La pieza muestra a la diosa de pie, ataviada con una falda de serpientes, un collar formado por manos, corazones y un cráneo, además de garras de águila y dos serpientes que emergen de su cuello formando su rostro. Cada elemento posee un profundo significado relacionado con la vida, la muerte y el renacimiento, conceptos fundamentales dentro de la cosmovisión mexica.
De acuerdo con la tradición, Coatlicue fue madre de Huitzilopochtli, dios tutelar de los mexicas. Su figura simboliza la capacidad de crear y proteger la vida, así como la renovación constante de la naturaleza.
En las sociedades mesoamericanas, las madres desempeñaban un papel esencial en la transmisión de conocimientos, la preservación de tradiciones y el sostenimiento de la vida cotidiana, razón por la cual la maternidad estaba estrechamente ligada a lo sagrado y a los ciclos naturales.
Actualmente, la escultura de Coatlicue continúa siendo uno de los máximos referentes del patrimonio cultural de México y un recordatorio de la relevancia histórica y simbólica de las madres dentro de las culturas originarias.
