
Imposición de manos y la plegaria de ordenación
El momento más importante de la celebración es el que componen la imposición de manos y la plegaria de ordenación. El gesto y la palabra se complementan en la liturgia: la plegaria de ordenación es la que determina el gesto de la imposición de manos, y nos permite captar su sentido.
El signo de la imposición de manos ha significado la invocación del don del Espíritu. Es el gesto por el que el obispo va a conferir el sacramento del Orden en el grado de presbítero. Después de este acto los miles de feligreses oraron en silencio, mientras todos los sacerdotes caminan frente a los nuevos sacerdotes para imponer también las manos sobre el ordenando, como signo de corresponsabilidad.
Posterior a ello un grupo de sacerdotes los ayudaron a ponerse la estola al modo presbiteral –es decir, cayendo sobre el pecho– y encima de ella la casulla. Es el signo visible del ministerio que va a ejercer de ahora en adelante en la liturgia, presidiendo al pueblo de Dios.
El Obispo Roberto Yenny García tomando asiento en el medio del altar mayor, comenzó la unción del Santo Crisma, que se usa en los sacramentos que solamente se pueden administrar una vez, porque suponen una configuración con Cristo que, por su propia naturaleza, es definitiva: el Bautismo, la Confirmación. En el caso de la ordenación presbiteral el nuevo sacerdote es ungido en las manos, porque esas manos son las que consagrarán, bendecirán, tocarán, haciendo presentes los gestos mismos de Cristo.
El cáliz y la patena con la que se va a celebrar la Eucaristía se entregaron a los nuevo presbíteros, indicando así el deber de presidir la celebración eucaristía y de seguir a Cristo crucificado, cuya muerte y resurrección es actualizada sacramentalmente en la celebración de la Eucaristía.
Finalmente el abrazo del obispo al nuevo presbítero y también de los presbíteros concelebrantes, en señal de acogida en el ministerio, sellará con el gozo y la alegría el rito que la feligresía está viviendo.
Posterior al acto los nuevos sacerdotes se dirigieron a los asistentes para brindar por primera vez la comunión, siendo las primeras personas en recibir de sus manos el cuerpo de Cristo sus padres, quiénes orgullosos presenciaron ya el desempeño de su profesión.
«Felicidades a nuestros nuevos sacerdotes. Que Dios les bendiga y los acompañe en este caminar, que sean siempre un guía para el servicio del pueblo de Dios…», fueron parte de las palabras finales de la eucaristía.
Seguiremos informando.