
Ciudad Valles, S.L.P.– Han pasado 16 años desde la desaparición del autobús de la empresa Pirasol y el caso sigue envuelto en silencio, abandono y dolor. Eran 34 personas —entre adolescentes de 14 y 15 años, jóvenes y adultos— quienes viajaban desde Hidalgo, San Luis Potosí y Querétaro con la esperanza de llegar a la frontera para trabajar. Nunca llegaron.
La unidad desapareció al arribar a la comunidad de Valdez, en Tamaulipas. Desde entonces, no hay rastro, no hay responsables y, peor aún, no hay avances en las investigaciones. La Fiscalía de Tamaulipas sigue sin ofrecer una sola respuesta concreta.
A más de una década y media, las familias no han detenido la búsqueda. Este día realizaron labores de volanteo en distintos cruceros, colocaron fichas de búsqueda y recorrieron puntos estratégicos en Ciudad Valles, con el respaldo de la Guardia Civil Estatal, la Fiscalía General del Estado, la Policía Municipal y la Comisión Estatal de Derechos Humanos.
El tiempo no ha borrado la herida.
Aldaneli Cruz Balderas, esposa del chofer Rafael Rodríguez García, habla con serenidad, pero con el dolor marcado en la mirada. “Él se fue y no lo volvimos a ver. Hemos hecho búsquedas en vida, pegamos calcas, recorremos zonas con mucha gente con la esperanza de que alguien los reconozca”.
Denunció que en San Luis Potosí y en Ciudad Valles el expediente se extravió dentro de la Fiscalía, situación que —afirma— alimenta la desconfianza. “Para nosotros sí están coludidas las autoridades… pero ya se lo dejamos a Dios. Nosotros hacemos el trabajo que a ellos les toca. Mientras tengamos fuerzas, los vamos a seguir buscando”.
El grito sigue siendo el mismo desde hace 16 años: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.
El dolor también ha crecido con las generaciones.
Una de las hijas del chofer, quien tenía apenas siete años cuando ocurrió la desaparición, hoy continúa en la búsqueda “Es algo muy difícil vivir con la incertidumbre. Han pasado los años y seguimos buscándolo. A mí me hace falta un abrazo, un beso… mi papá era muy alegre, muy trabajador”.
Mientras tanto, la historia parece desvanecerse en la memoria colectiva.
La empresa Pirasol cerró operaciones, el autobús fue vendido y el propietario desapareció sin rendir cuentas. Nadie ha respondido por lo ocurrido. “Mucha gente ya se olvidó, pero esto no es para abrir la herida, es para visibilizarlo, para que no vuelva a pasar”, señalan los familiares.
Porque el caso Pirasol no es solo un recuerdo: es un expediente sin resolver, una herida abierta y un reflejo de una realidad que, lejos de terminar, sigue repitiéndose en México.
Seguiremos informando.