Hay giras de trabajo y hay giras que, aunque oficialmente se presenten como actos institucionales, terminan convirtiéndose en mensajes políticos bastante claro. Lo ocurrido este lunes 4 de mayo en la Huasteca Potosina pertenece, sin duda, a la segunda categoría.
El gobernador Ricardo Gallardo Cardona recorrió la región entregando obra pública y programas sociales, reiterando esa fórmula que tan buenos dividendos le ha dado desde que irrumpió en la escena estatal; contacto directo, cercanía física, temple de plaza y narrativa de presencia permanente, pero si algo elevó la temperatura política de la jornada fue el anuncio de una inversión extraordinaria de 200 millones de pesos para Aquismón. No es cualquier municipio. No es cualquier anuncio. Y, sobre todo, no es cualquier momento.
Tanto es el escozor que genera que, mientras Gallardo desplegaba músculo político, del otro lado hubo quienes intentaron, con más prisa que estrategia, meterle ruido al asunto. Operadores de Morena citaron de emergencia a promotores y beneficiarios de programas sociales justo a la hora del evento del gobernador. El propósito era evidente, casi tierno en su ingenuidad; mantener ocupada a la gente para vaciar el acto del Ejecutivo. El problema es que no funcionó.
Aquí toca decir lo que es. Aunque no sea precisamente santo de la devoción de muchos, incluido de este tierno felino, Temo Balderas demostró que tiene perfectamente aceitada su operación territorial. El evento salió. La gente estuvo. La plaza respondió.
En condiciones similares, durante el arranque de la carretera que conduce de Aquismón a Tamapatz, los guindas intentaron repetir la maniobra. Otro esfuerzo por desinflar la convocatoria. Otro intento de sabotaje con aroma a desesperación administrativa. La escena, cuentan quienes estuvieron ahí, era contundente: no se podía caminar de tanta gente. Una concentración que, más allá del protocolo oficial, tenía lectura política inevitable.
No podía ser de otra manera. Tamapatz no es terreno neutral. Es la comunidad donde vive el alcalde. Es su zona de influencia más sólida. Es, además, el ejido más grande de Aquismón. Lo interesante, sin embargo, no está sólo en el fracaso del boicot. Está en lo que la gira revela sobre el cálculo político de Gallardo rumbo a 2027.
Desde hace semanas circula una versión que, con cada movimiento del gobernador, parece cobrar más sentido: la estrategia será eminentemente territorial. Menos escritorio, más polvo. Menos narrativa institucional, más operación de campo. Menos apuesta al carisma mediático, más construcción municipal.
La Huasteca, la zona metropolitana y la Zona Media serían los ejes centrales de esa arquitectura electoral. El Altiplano, en cambio, parece condenado a cocerse aparte, como esos asuntos necesarios, pero no indispensables, que se dejan hervir solos mientras se atiende lo prioritario. Nada suena descabellado.
Gallardo sabe que la simpatía ciudadana no es patrimonio vitalicio. Se erosiona. Se desgasta. Se evapora cuando el ejercicio del poder reemplaza la frescura de la oposición. El Ricardo Gallardo que ganó en 2021 lo hizo montado en una ola de conexión popular, hartazgo contra el viejo régimen y una capacidad notable para convertir cercanía en votos. Cinco años después, ese capital requiere mantenimiento.
El gober parece haber entendido que no bastan los spots, las conferencias ni los anuncios espectaculares. Hay que regresar a la tierra y reencender el ánimo de la gente. Por eso, quizá el dato verdaderamente relevante no es si la eventual candidata será Ruth o cualquier otro perfil que termine emergiendo del gallardismo. Ese debate, aunque entretenido para los cafés políticos, es secundario. La apuesta real está en otro lado; construir una maquinaria municipal capaz de sostener cualquier candidatura.
Lo de este lunes en la Huasteca fue, en ese sentido, bastante más que una gira institucional, fue una exhibición de fuerza. Un ensayo territorial. Un recordatorio para aliados y adversarios de que Gallardo no piensa entregar la plaza por desgaste administrativo ni por exceso de confianza.
Y también, por qué no decirlo, fue una admisión tácita de algo que en Palacio seguramente tienen muy claro: si quieren conservar el poder en 2027, tendrán que salir a reconquistarlo municipio por municipio, comunidad por comunidad, calle por calle.
Cavilaciones:
Primera: Hay pleito entre el secretario de Educación, Juan Carlos Torres Cedillo, y el dirigente de la Sección 26 del SNTE, Juan Carlos Bárcenas. Bárcenas fue mal diputado, pero nadie puede negar que es un dirigente magisterial con arrestos para mover a su base. El líder de los docentes ya demostró una vez que puede sacar a la calle a sus representados y parece que, en el nuevo capítulo de desencuentros, pasará lo mismo. El detonante; le descontaron sueldo a profes que anduvieron el sábado en un evento de grilla en Rioverde. Pago por ver de cuál cuero saldrán más correas ¡Miau!
Segundo: Juan Ramiro Robledo, el No Aspirante a la gubernatura de San Luis Potosí, se vino a dar un baño de pueblo a San Luis Potosí al restaurante «La Güera», ubicado en calle Tatanacho, muy cerca del Parque Tangamanga I. Juan Ramiro se dejó ver con sus «amigos de toda la vida»; Güacho Benavente (se ve muy repuestito), Juan Carlos Machinena Morales, Enrique Martens (el único deportista del grupo), Raúl Camacho Muñoz, excatedrático de la UASLP, Jorge Vinicio Mejía Tobías, exlíder sindical de la CTM y, el hoy funcionario del FOVISSSTE, Castor Balderas. Salía humo de tanta grilla que hubo en esa mesa.
Tercera: Preparen ventiladores porque viene oootra onda de calor. Este minino ya tiene lista su dotación de sueros ¡Grrr!
