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Aunque suelen ser incomprendidas y asociadas erróneamente con riesgos para la salud o el entorno, las zarigüeyas cumplen una función ecológica clave en los ecosistemas donde habitan. Estos mamíferos oportunistas contribuyen al control de diversas poblaciones animales gracias a su dieta variada, que incluye insectos, pequeños vertebrados y carroña.
Su capacidad para alimentarse de restos orgánicos ayuda a limpiar el ambiente, mientras que el consumo de insectos y otros animales favorece el equilibrio natural de las especies. Un dato poco conocido es que las zarigüeyas pueden cazar y comer serpientes, incluso algunas venenosas, debido a que poseen una notable resistencia a ciertos venenos.
Lejos de representar una amenaza, estos marsupiales se convierten en aliados silenciosos de la biodiversidad, desempeñando un papel beneficioso en los entornos urbanos y rurales donde logran adaptarse.