Mantener el cuerpo hidratado es vital para funciones básicas como la regulación de la temperatura y la lubricación de las articulaciones; sin embargo, beber agua justo antes de acostarse genera debate. Por un lado, una pequeña cantidad de líquido ayuda a desintoxicar el organismo y facilita la circulación sanguínea durante el reposo.
No obstante, el consumo excesivo de agua por la noche puede provocar nicturia, que es la necesidad frecuente de levantarse a orinar, interrumpiendo los ciclos de sueño profundo necesarios para la recuperación cognitiva.

Según informes publicados por la Fundación Nacional del Sueño (National Sleep Foundation) de Estados Unidos, aunque la hidratación previene calambres y dolores de cabeza matutinos, beber grandes cantidades antes de dormir puede fragmentar el descanso.
La información de esta institución sugiere que lo ideal es realizar la mayor carga de hidratación durante el día y reducirla unas dos horas antes de ir a la cama. De esta manera, se permite que el sistema renal procese el líquido sin sacrificar la calidad del sueño, que es igualmente crítico para la salud.

En términos metabólicos, beber agua fría por la noche podría elevar ligeramente el gasto energético, ya que el cuerpo trabaja para calentar el líquido a la temperatura corporal.
Aun así, los especialistas coinciden en que la clave es el equilibrio: un sorbo de agua puede calmar la sed y relajar el sistema, pero convertirlo en un hábito de consumo masivo nocturno podría derivar en fatiga diurna debido a la falta de sueño continuo.