El ayuno intermitente se ha consolidado como una de las estrategias nutricionales más populares de los últimos años, centrándose no solo en qué comer, sino en cuándo hacerlo.
A diferencia de las dietas convencionales, este método alterna periodos de ingesta con intervalos de ayuno, siendo el protocolo 16/8 uno de los más utilizados. Los entusiastas de esta práctica aseguran que ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina y a facilitar la pérdida de peso de forma sostenible.

Esta tendencia ha ganado un respaldo científico considerable tras diversas investigaciones publicadas en el New England Journal of Medicine. Según los estudios citados por esta prestigiosa fuente, el ayuno promueve la autofagia, un proceso de regeneración celular donde el cuerpo «limpia» las células dañadas.
Además, se ha observado que la restricción horaria puede reducir los marcadores de inflamación sistémica, lo que sugiere beneficios que van más allá de la estética.
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Sin embargo, los especialistas advierten que este enfoque no es universal y requiere supervisión profesional. Personas con antecedentes de trastornos alimenticios, mujeres embarazadas o pacientes con diabetes deben proceder con cautela, ya que el ayuno puede provocar mareos o desequilibrios metabólicos si no se ejecuta correctamente.
La clave del éxito radica en mantener una dieta equilibrada durante las horas de ingesta para evitar carencias nutricionales.
