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Elucubraciones sabatinas: Alineaciones políticas del Potosí

Por El Gato Filósofo

En tiempos donde el fútbol se ha convertido en el lenguaje universal de las emociones y la pasión, no resulta extraño que también esté narrando la dinámica la política. En San Luis Potosí, el Mundial no sólo se juega en estadios y se ve en pantallas gigantes, también se disputa en mensajes y discursos de partidos políticos que ya están más que puestos en la cancha, calentando y con alineaciones que prometen el mejor partido para los espectadores.

El recurso es directo y efectivo; convertir la política en un partido de eliminación directa y permanente. Cada formación es una declaración de intenciones, cada posición un mensaje cifrado, cada jugador una pieza dentro de un sistema que se presenta como si ya estuviera listo para competir en la gran final, aunque el torneo todavía no empieza.

A veces, por cierto, da la impresión de que ni los mismos políticos saben a qué están jugando. Digamos que unos ponen cuadros de fútbol rápido otros de 11, otros siguen preocupados por conseguir la cancha, otros andan pidiendo los 50 pesitos de cada jugador para pagar el arbitraje y, desde luego, también vemos a esos que se les olvidó la cal para pintar el campo o que traen hechas nudo las redes de la portería.

En el caso del Partido Verde Ecologista de México, la puesta en escena es la de un equipo que sale con bloque compacto, ordenado, casi sin grietas entre líneas. Un 2-3-1 que no se desordena ni con presión alta. Futbol rápido, directo, de pocos toques, porque el Verde juega con la sensación de que el partido no admite pausa y el tiempo es un recurso que conviene administrar con ventaja táctica desde el arranque. Desde el fondo, Ricardo Gallardo aparece como ese arquero líbero moderno que no sólo ataja, sino que inicia la jugada como si fuera el primer pase de construcción obligada. No hay despejes al azar, hay salida limpia, control del ritmo y lectura del partido como si todo pasara por su zona de influencia.

Por delante, el sistema se sostiene con una línea de apoyo donde figuras como Lupe Torres operan como el clásico 5 que equilibra, ordena y tapa los espacios cuando el rival intenta filtrar entre líneas, funcionando como eje silencioso de recuperación y primer pase tras pérdida, pero también que hace el trabajo sucio; pega, golpetea, roba y recupera el balón para, luego, pasárselo a quien hará la jugada de gol. A los costados, Juan Carlos Valladares y Jacqueline Jáuregui cumplen el rol de carrileros con recorrido largo, proyectándose por banda como si el ancho del campo fuera un territorio a conquistar en cada transición: suben, doblan marca y regresan para rearmar el bloque sin romper la estructura.

Un escalón más arriba, Juan Manuel Navarro y Aranza Puente aparecen como interiores con libertad medida, encargados de conectar la salida con el último tercio, administrar los ritmos del partido y encontrar ventajas en espacios reducidos, como si el juego se decidiera en pequeños triángulos de posiciones más que en acciones individuales. Ellos dos podrían ser ese jugador con el número 10 en la espalda; el que es diferente, el que intenta, el creativo, el que ve huecos donde nadie ve y cuya presencia, es fundamental.

Y cuando el balón finalmente entra al último tercio, Ruth González aparece como ese punto de ruptura silenciosa, jugando entre líneas, siempre como delantera, esperando el pase filtrado que no necesita mucha elaboración, sólo timing y precisión. Es un equipo que no corre de más ni improvisa de menos; administra el partido como si ya tuviera ventaja en el marcador global y solo necesitara enfriar al contrincante con posiciones largas y ordenadas.

Del otro lado del campo, el Partido Acción Nacional (PAN) plantea un partido más vertical, de presión intermitente y transiciones rápidas, donde el orden aparece por momentos y la intensidad marca el ritmo más que la paciencia. Bajo la dirección técnica de Jorge Romero, el equipo busca amplitud, recuperación alta y ataques directos, como si cada jugada debiera resolverse antes de que el rival reorganice sus líneas. Su formación es clásica; 4-4-2, priorizando la posesión y el orden antes que desbordarse al ataque.

En la portería, Enrique Dahud, da la salida sin derecho a equivocarse. Un error suyo cuesta, y muy caro, puede que pierdas un partido o incluso un campeonato por una mala actuación. Don Álvaro Elías, el típico central que aporta experiencias en la parte baja. Mireya Vancini, aguerrida y dura, no da el balón por perdido, pero eso le puede jugar en contra a la hora decisiva. Marcelino Rivera sostienen una línea que prioriza la anticipación y el corte, más que la salida limpia prolongada. Por los costados, Rubén Guajardo funciona como carrilero de ida y vuelta, es el que siempre está en el equipo, pero nunca pasa nada más con él, no hay competencia interna y está seguro en su posición, pues en la banca no hay quien le haga ruido o le meta presión, mientras Andrea Alvarado y Christian Azuara empujan el bloque desde el mediocampo con presión alta y conducción rápida tras la recuperación. Les toca limpiar la zona.

En la creación, Enrique Galindo actúa como mediapunta libre. Él sí es el verdadero 10, aunque, por la falta de juego, debe subir y hacerla de goleador porque Vero Rodríguez no da una en el área. La senadora perdona o falla y es Galindo quien debe salir al quite.

Es un equipo que vive en la transición; cuando acelera, incomoda; cuando pierde el control del ritmo, se fragmenta. A diferencia del rival, no administra el partido, lo juega siempre al límite del desorden funcional. En el fondo, sabe que no tiene ventaja, pero que debe remontar para salir de la zona de riesgo en que se encuentra. Quien sabe, en una de esas y logra darle vuelta al marcador.

Mientras tanto, en otra zona del estadio político, Morena juega un partido distinto: menos preocupado por la foto de la alineación y más enfocado en el control del mediocampo, sobre todo, porque sabe que no tiene buenas defensas, que no tiene portero y menos delanteros. Aquellos que tuvo, los vendió. Aunque hay lana, la afición siempre reclama y pide mejores fichajes y contrataciones. Movimiento Ciudadano, en cambio, mantiene su estilo característico de equipo que juega bonito en los primeros minutos, con destellos de creatividad y circulación vistosa, aunque todavía sin consolidar un sistema que aguante 90 minutos sin perder intensidad. Puede dar la campanada en algún torneo con la victoria en alguna diputación local o alcaldía, pero es de aquellos que, sin lugar a dudas, no pelean por el título.

Y en este Mundial paralelo, el PRI observa desde una zona del estadio donde alguna vez dominó el ritmo del partido, intentando recomponer líneas y encontrar nuevamente profundidad en un terreno donde ahora otros equipos dictan el tempo del encuentro. Vive de las viejas glorias, de los trofeos en sus vitrinas, pero cada vez tienen menos aficionados; deben abrirse a nuevas políticas en el club si es que quieren sobrevivir en la liga de los políticos.

Lo curioso de este torneo potosino es que las alineaciones se presentan como si fueran resultados. No hay balón en juego, pero ya hay análisis táctico. No hay silbatazo inicial, pero ya hay debate sobre quién domina. El fútbol se ha invertido; primero se muestra el esquema, luego se imagina el partido.

El Mundial 2026 funciona, así, como telón perfecto para otra competencia más silenciosa, pero también escandalosa, la del posicionamiento rumbo a 2027. Una eliminatoria que comenzó antes que el calendario oficial y que tiene mucha lectura política en cada movimiento. El INE y el CEEPAC son los encargados del VAR, pero la falta de recursos en el “Ojo de Halcón” jugará un papel crucial al definir las jugadas… por eso, normalmente, no cambian la decisión arbitral.

Así transcurre el encuentro. Entre bloques bajos, líneas altas, carrileros que no dejan de proyectarse y mediocampos que se disputan cada metro como si fuera tiempo añadido, San Luis Potosí juega su propio Mundial político. Uno donde el marcador no se escribe en goles, sino en percepciones. Para como vamos, cuando el árbitro por fin pite el inicio, el partido ya llevará semanas comentándose y la final, bueno, esa la veremos el domingo 6 de junio de 2027.

Cavilaciones:

Primera: Cuentan, testigos presenciales, que el popular cantante Julión Alvarez fue protagonista de los festejos por el triunfo de México en la inauguración del mundial de fútbol. El amigo personal del gobernador Ricardo Gallardo Cardona ya es más potosino que las enchiladas ¡Miau!

Segunda: El senador de Movimiento Ciudadano, Luis Donaldo Colosio Riojas, anduvo en la Huasteca Potosina donde instaló una sede de la Fundación Diana Laura Riojas en el municipio de Axtla de Terrazas. La visita fue discreta, pero no pasó desapercibida. Luis Donaldo tiene una personalidad con gran magnetismo y representa, hoy por hoy, una opción de futuro para México.

Tercera: En la Zona Media del Potosí, ya no ven lo duro, sino lo tupido con la posible candidatura del hoy diputado federal Óscar Bautista a la presidencia municipal de Rioverde. Bautista y su socia, Rosa Huerta, andan repartiendo poder. El pueblo naranjero sabrá si repite la historia de horror que han vivido con Arnulfo Urbiola o si se fajan pantalones y faldas y cambian de rumbo.

Seguiremos informando.

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