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Elucubraciones: Las cartas azules

Por El Gato Filósofo

Dado que todos lo están haciendo; el Partido Acción Nacional (PAN) decidió subirse al tren y abrió el tablero antes de tiempo, así, quizá sin proponérselo, también abrió una discusión más profunda: quién quiere gobernar la capital y quién quiere gobernar el proceso para decidirlo.

La primera en mover ficha fue Verónica Rodríguez. Senadora, presidenta estatal del PAN y, ahora, aspirante abierta a la alcaldía de San Luis Potosí. El interés tiene mucha lógica política, pues la capital sigue siendo el principal activo electoral de la oposición y nadie quiere llegar tarde a una carrera que, en realidad, ya empezó. Llama la atención el hecho de que quien dirige el partido, conduce la estrategia territorial, encabeza la apertura de candidaturas y participa en el diseño interno, quiere además convertirse en candidata. Mucho sombrero para una sola cabeza.

No es ilegal ni extraordinario. La política mexicana está llena de dirigentes que terminan siendo candidatos. El asunto es otro; el PAN anunció que abrirá el 100 por ciento de sus candidaturas a ciudadanos, con filtros, evaluaciones y mecanismos internos para evitar perfiles cuestionables.

En un escenario tan planchadito como este, conviene preguntarse si la dirigente estatal también está en la fila de aspirantes, ¿cómo garantizar que el árbitro no parezca delantero? El PAN dice que habrá revisiones, capacitación, evaluación de antecedentes y mecanismos internos. Magnífico. El reto será demostrar que esos filtros aplican igual para todos, incluso para quien sostiene el silbato.

Verónica llega con activos evidentes. Tiene estructura, visibilidad, presencia mediática y una posición institucional que ningún otro aspirante posee. Además, ha logrado sobrevivir en un PAN que, en los últimos años, ha tenido más fugas políticas que estabilidad; entre salidas hacia el Verde, reacomodos internos y la necesidad de reconstruir identidad, ella ha permanecido al frente. Incluso logró reelegirse en el cargo.

Esa fortaleza, curiosamente, también es su mayor vulnerabilidad porque podemos cuestionarnos hasta dónde puede estirarse el cargo; presidenta del partido, senadora y posible candidata. La política suele premiar la acumulación; la ciudadanía no siempre.

Luego está Rubén Guajardo. Quizá el perfil más tradicional de la baraja azul. Con experiencia legislativa, oficio partidista y años recorriendo la estructura panista, representa al PAN clásico, el de cuadros, militancia y formación interna. No necesita presentarse como novedad porque juega a otra cosa; apuesta por la experiencia y por el conocimiento del terreno.

Su desafío es distinto: convencer de que no es una simple carta conocida y es que, en tiempos donde los partidos venden renovación, la experiencia puede ser fortaleza o convertirse en la elegante manera de decir “más de lo mismo”.

David Azuara aparece como una opción intermedia. Tiene trayectoria administrativa y presencia pública, pero sin el peso estructural de Verónica ni la larga vida partidista de Guajardo. Su eventual ventaja estaría en vender una candidatura menos cargada de disputas internas, más técnica y menos tribal. El problema es que las elecciones rara vez premian la discreción, además de que pesa mucho su apellido. Así como le puede ser de utilidad, también puede restarle.

Y luego está Marcelo de los Santos Anaya, otro apellido que activa memoria política en San Luis Potosí. Su sola mención introduce una variable distinta; la herencia de marca. A veces ayuda; a veces obliga a competir contra la propia historia. Muchos lo ven bien, otros lo rechazan en automático.

El PAN, mientras tanto, intenta construir una narrativa novedosa, abrir candidaturas ciudadanas, incorporar perfiles externos y romper con la lógica cerrada de siempre. El detalle es que los partidos suelen enamorarse de la apertura hasta que llega la hora de repartir posiciones.

Las cartas azules ya están sobre la mesa. Verónica puso la primera. Guajardo mantiene presencia. Azuara espera espacio. Marcelo aparece en el radar. Y el PAN promete competencia amplia. Ahora, falta saber si habrá partida abierta o si el mazo ya viene acomodado desde antes de repartir.

Cavilaciones:

Primera: Hace algunas semanas, llegó a San Luis Potosí Hugo Contreras Zepeda. Oficialmente, es delegado del Comité Ejecutivo Nacional enviado por el dirigente Alejandro «Alito» Moreno. Su labor es trabajar en la estrategia político-electoral de cara a los comicios del próximo año en el que se renueva la gubernatura. Hasta ahí, todo bien, pero parece que Contreras Zepeda se anda tirando una buena flojera ¡Ah! Y dicen que, como buen jalisquillo, es todo un casanova.

Segunda: José Luis Castro Castillo es el nombre que suena para encabezar la Secretaría de Educación del Gobierno del Estado. Actualmente, es director del Instituto Estatal para la Educación de los Adultos. En general, es un hombre de bajo perfil, pero suena como el perfil que iría a cerrar el sexenio gallardista en la nada fácil dependencia.

Tercera: Esta tarde, el gobernador Ricardo Gallardo presenta la FENAPO 2026 en el Museo Laberinto. Esperen noticias ¡Miau!

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