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Ciudad Valles, santuario de mariposas; la historia de Hugh Avery Freeman

*El científico que descubrió más de 100 especies encontró en la Huasteca no solo su laboratorio natural, sino el refugio eterno de su familia

En la espesura de la Huasteca potosina, donde la naturaleza respira con fuerza y las mariposas dibujan el aire con sus alas, quedó sembrada una historia que trasciende la ciencia: la de Hugh Avery Freeman, el hombre que hizo de estos seres frágiles su pasión… y de Ciudad Valles su santuario eterno.

Nacido el 7 de octubre de 1912 en Conway, Arkansas, Freeman no fue únicamente un biólogo o maestro. Fue un observador incansable de la vida, un hombre que encontró en las mariposas algo más que un objeto de estudio: vio en ellas belleza, misterio y una forma de comprender el paso del tiempo.

Su historia también es profundamente familiar. Junto a su esposa Louise y sus hijos Linda, Julia y Gilbert, construyó un vínculo tan sólido como silencioso, marcado por los viajes, la naturaleza y los momentos compartidos lejos del ruido del mundo.

Graduado con honores en 1938 por la Universidad Metodista del Sur, su talento lo llevó a colaborar con instituciones como la National Geographic Society, el Smithsonian y el Carnegie Institute. Fue en esos años cuando encontró en México —y particularmente en la Huasteca— un territorio fértil para su pasión.

 

Entre selvas, caminos y parajes del sur de Texas y territorio mexicano, Freeman logró identificar 102 nuevas especies y subespecies de mariposas. Pero más allá del hallazgo científico, imprimió en cada descubrimiento un gesto profundamente humano: nombró muchas de ellas en honor a su esposa, sus hijos y amigos cercanos, entre ellos Felipe Salas, Lorenzo De León, Benito Reséndiz y Raymundo Velázquez.

Para su hijo Gilbert, aquellos años no fueron solo expediciones, sino recuerdos imborrables. En especial los veranos de la década de los 60, cuando sin saberlo caminaba junto a su padre en escenarios que más tarde cobrarían un significado profundo.

Entre 1968 y 1973, el Hotel Covadonga en Ciudad Valles se convirtió en el punto de encuentro de la familia Freeman. Ahí, entre naturaleza, risas y tranquilidad, encontraron algo más que descanso: un hogar lejos de casa.

Con el paso del tiempo, la vida siguió su curso. Hugh Avery Freeman falleció el 19 de febrero de 2002, dejando un legado reconocido a nivel internacional en el campo de la entomología, pero también un vacío imposible de llenar para su familia.

Años después, Gilbert regresó a Ciudad Valles. Lo que encontró fue distinto: el Hotel Covadonga estaba en ruinas. Sin embargo, el campo de golf permanecía intacto, como si resguardara los recuerdos de otra época.

Ahí, en ese espacio cargado de historia, decidió esparcir las cenizas de su padre. El viento hizo lo suyo: las levantó y las llevó suavemente hacia el entorno que él tanto amó, entre mariposas, árboles y silencio.

Tiempo después, volvió para despedir también a su madre, cerrando así un ciclo familiar profundamente simbólico.

Antes de marcharse, con la voz entrecortada, Gilbert lo dijo todo en una sola frase: “Regresaron al santuario de las mariposas.”

Hoy, esa historia permanece viva en Ciudad Valles. No en monumentos ni placas, sino en el aire, en la memoria… y en cada mariposa que sigue volando.

Seguiremos informando.

Fuentes: Gilbert Freeman, Raymundo Velázquez y Prof. Crescencio Martínez Candelario. Cronista Municipal.

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