La gravedad de lo ocurrido en la Zona Industrial de San Luis Potosí ya no admite matices ni explicaciones tibias. En menos de una semana, dos incendios de gran magnitud, el primero en una planta de baterías de litio en el Parque Fundidora y, ahora, en la empresa Polímeros Nacionales, han exhibido con crudeza las fallas estructurales en materia de seguridad industrial y supervisión. No se trata de hechos aislados, cualquiera podría decir que se trata de un patrón.
En el caso más reciente, el siniestro en Polímeros Nacionales dejó al descubierto un escenario que raya en lo inverosímil y que resulta hasta ofensivo; ausencia total de protocolos de seguridad, condiciones deficientes de higiene, inexistencia de equipo básico como extintores y un manejo caótico de materiales altamente inflamables. Toneladas de polímeros, incluyendo lo que internamente denominan scrap, almacenados sin orden ni control, terminaron por alimentar un incendio cuyas llamas fueron visibles a kilómetros de distancia. Que los trabajadores hayan logrado salir con vida parece más un golpe de suerte que el resultado de una estrategia preventiva.
El antecedente inmediato tampoco fue cosa mínima. Días antes, una empresa dedicada al manejo de baterías de litio generó una nube tóxica que puso en riesgo a amplios sectores de la población. Dos episodios distintos, misma constante; la omisión.
Y en medio de ese desorden, hay un elemento que se repite entre la indignación y el reconocimiento: los bomberos. En ambos casos, los primeros en llegar, muchas veces en sus propios vehículos, con herramientas propias, enfrentando el fuego con recursos limitados y una vocación que contrasta con la mezquindad de algunas empresas y autoridades que, sistemáticamente, escatiman apoyo a quienes literalmente les salvan el patrimonio.
Polímeros Nacionales, además, no es una empresa pequeña. Funciona como centro de distribución de insumos para la industria del plástico vinculada a Pemex, abasteciendo a compañías como Shulman, Plásticos Nagua y Jaguar, entre otras. Su relevancia económica, sin embargo, no se traduce en responsabilidad operativa. Su propietario, originario de la Ciudad de México, permanece distante; la operación cotidiana recae en encargados que, a juzgar por los hechos, han mostrado una preocupante insensibilidad.
El saldo no es sólo material. Detrás de cada nave consumida por el fuego hay trabajadores que, de un día para otro, se quedan sin empleo, sin certezas y, en muchos casos, sin respaldo.
Lo que sigue no puede limitarse a peritajes y declaraciones. Si las autoridades no asumen un papel firme, con inspecciones reales, sanciones ejemplares y, de ser necesario, clausuras definitivas, estos incendios no serán los últimos, sino apenas el preámbulo.
Conviene dejarlo claro; si la negligencia sigue siendo costumbre, los incendios dejarán de ser accidentes, para convertirse en consecuencia de tanta omisión ¡Ojo aquí, Protección Civil!
Cavilaciones:
Primera: La banda de asaltantes que opera en la carretera 57, los mismos que despojaron de sus equipos a empleados de comunicación de la presidenta Claudia Sheinbaum, comandados por un sujeto al que apodan El Visa, han regresado con la complacencia de la Guardia Nacional. El corredor más peligroso de la carretera comienza en Villa Hidalgo y termina en El Huizache, municipio de Guadalcázar. Todos se hacen de la vista gorda. El golpe más reciente fue el ataque a un autobús de la empresa Tornado que da servicio de transporte a pasajeros para rutas que van de Michoacán a distintas ciudades de Estados Unidos y tienen una terminal en Matehuala. El negocio es tan grande que nadie quiere renunciar a sus ganancias.
Segunda: Por primera vez en su historia, grupo META está trabajando en forma desaseada y desordenada en la construcción de la carretera de cuota San Luis Potosí-Matehuala, tramo El Peyote-Matehuala. Mala señalética, obras sin abanderamiento de ninguna especie y colapso de la carretera casi a diario por falta de planeación estratégica. Pese a la gran experiencia en ese tipo de infraestructura, parece que para este proyecto contrataron compañías irresponsables que, con su mal desempeño, ponen en riesgo la vida de los usuarios, y de sus propios trabajadores. A ver si José Luis Contreras Pérez les da un jaloncito de orejas. porque con puros conitos no se abandera una obra de tal magnitud ¡Miau!
Tercera: En Rioverde, siguen pasando cosas que cobrarán factura en las próximas elecciones. El dictadorcete que tienen como presidente municipal, Arnulfo Urbiola, montó en cólera porque detuvieron a su hijo en estado de ebriedad y visiblemente alterado por el consumo se sustancias prohibidas. En lugar de rescatar a su vástago para desintoxicarlo y reinsertarlo en la sociedad, exigió, mediante tremenda pataleta, la destitución del jefe regional de la Guardia Civil del Estado. «El Urqui», para festejar que su papi es bien poderoso, procedió a presumir que sus miserias son motivo de castigo para la autoridad. Este es un asunto para revisión del secretario de Seguridad, Jesús Juárez, a quien se le conoce por ser un tipo muy derecho y justo.