La canela, una especia obtenida de la corteza interior del árbol Cinnamomum, ha pasado de ser un tesoro del antiguo Egipto a consolidarse como un aliado fundamental para la salud contemporánea, gracias a su compuesto activo, el cinamaldehído, este producto natural no solo destaca por su aroma inconfundible en la cocina, sino también por sus potentes propiedades que ayudan a la salud.
Aunque ambas poseen propiedades antibacterianas, antivirales y antioxidantes, actualmente en el mercado se distinguen dos variedades: la de Ceylán, conocida como «canela verdadera», y la Cassia, que es la versión más extendida en el consumo global.
Más allá de su uso culinario, investigaciones recientes destacan su capacidad para combatir enfermedades crónicas y metabólicas. El consumo regular de esta especia ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina, regulando los niveles de glucosa en sangre y reduciendo factores de riesgo cardíaco como el colesterol LDL y los triglicéridos.
Asimismo, su alta concentración de polifenoles permite neutralizar los radicales libres, protegiendo los tejidos del deterioro celular y fortaleciendo el sistema inmunológico frente a diversas amenazas externas.
Además, el impacto de la canela se extiende al campo de la neurología y la oncología, mostrando resultados prometedores en la inhibición de proteínas asociadas al Alzheimer y en la protección de neuronas en pacientes con Parkinson.


